domingo, 29 de marzo de 2009

William Castle: El rey de los gimmicks.

William Castle fue un productor y director cuya inclinación por los trucos publicitarios o gimmicks nació por necesidad. Para él era la forma perfecta de atrapar a un buen número de espectadores dispuestos a ver sus cintas de bajo presupuesto. Sin embargo, a medida que su reputación comenzaba a crecer gracias a sus ingeniosos trucos, estos tambíen significaron que los espectadores y la crítica no pudiera considerarlo como un cineasta serio. Lamentablemente, su deseo por establecer su marca como director en la industria cinematográfica se vio opacado por su ingenio comercial. Fue entonces que Castle se vió obligado a obtener la mayor cantidad de ganacias posibles como el “Rey de los gimmicks”.

Castle, cuyo verdadero apellido es Schloss, nació el 24 de abril de 1914 en la ciudad de Nueva York. Hijo de padres judíos, de pequeño pasaba un incontable número de horas en frente de un espejo, recreando el maquillaje utilizado por Lon Chaney en la cinta, “The Hunchback of Notre Dame” (1923). El pequeño Castle que mostraba un escaso interés por la escuela, pasaba la mayor cantidad del tiempo realizando una cantidad de diversos trabajos (que iban desde la construcción de sets hasta la actuación), para David Belasco, un productor de Broadway. Cinco años después de la muerte de sus padres, él decide convertirse en actor, donde su primer trabajo lo obtiene gracias a que se hace pasar por el sobrino de Samuel Goldwyn. El entonces tenía quince años. Para cuando cumplió los 18 años de edad, ya había dirigido su primera obra de teatro, que curiosamente se titulaba, “Drácula”.


La primera artimaña utilizada por Castle, que por cierto lo ayudaría para hacerse conocido, se convirtió prácticamente en un mito urbano. Pareciera que a finales de los treinta, él se encontraba dirigiendo una obra en la cual participaba una actriz alemana que recientemente había hecho caso omiso a la petición de Hitler de que ella volviera a su tierra natal. Supuestamente, Castle entregó una versión exagerada del incidente a los diarios locales, relatando como la actriz había arriesgado su vida al desafiar al lider nazi. La otra versión que existe acerca de este incidente, apunta a que Castle habría comenzado a lanzar ladrillos contra las ventanas del teatro donde trabaja, además de haber pintado svásticas en los muros del lugar. Sin importar que versión sea cierta, las ganancias obtenidas con la obra indicaban que estaba haciendo algo bien.

Luego de trabajar por un breve periodo de tiempo en la radio, el magnate de la Columbia, Harry Cohn tomó a Castle como su protegido, enseñandole todas las facetas del negocio del cine antes de dejarlo dirigir su primera cinta cuyo título, “The Chance of a Lifetime” (1943), parecía más que apropiado para definir la oportunidad que se le había otorgado al director. Tras terminar esta cinta, Cohn relegó al tímido y tranquilo director a filmar cintas que presentaban como principal características la mediocridad de sus guiones y el escaso presupuesto con el que contaban. En este período filmó películas completamente olvidables como “Drums of Tahiti” (1954) y “New Orleans Uncensored” (1955). Luego de realizar un buen número de estas cintas, para la Universal y Monogram Pictures, Castle pensó que estaba listo para comenzar a producir sus propios proyectos. Como Cohn no se lo iba a permitar, Castle decidió entrar al mundo de la televisión. Él se encontraba produciendo las series “Meet McGraw” y “Men of Annapolis”, cuando él y su esposa Ellen vieron la película de Henry-Georges Clouzot, “Diabolique” (1955), film que a fin de cuentas, marcaría la carrera de Castle.

La idea de que en Hollywood no se había realizado un buen film de suspenso en más de una década, lo llevó a tomar la decisión de vender las series de televisión, hipotecar su casa, y retirar todo su dinero del banco, para así poder filmar una película. Esta película titulada, “Macabre” (1958), estaba basada en la novela “The Marble Forest”, del escritor Theo Durrant (que la verdad era un seudónimo utilizado por los 12 autores reales del libro, cada uno de los cuales habia escrito un capítulo de la novela). Castle le contó acerca de este proyecto al escritor Robb White, con quien había trabajado en “Men of Annapolis”. Sorprendentemente sería tan grande el interés de White en dicho proyecto, que además de ofrecer sus servicios como guionista, también acepto financiar la misma.

La cinta se filmó en seis días, y una vez terminada, sería el mismo Castle quien reconocería que necesitaría de una artimaña comercial para poder venderla. Fue entonces cuando se le ocurrió una genial idea; Castle logró que la compañia Lloyds of London asegurará a cualquiera que viera la cinta, ofreciendo $1000 dólares a todo aquel que muriera de espanto. “Por supuesto que sería espantoso que alguien realmente muriera en el teatro”, le dijo Castle a su socio White, pero entonces añadio vergonzozamente: “pero la publicidad será espectacular”. Una buena cantidad de estudios rechazaría el film antes de que Steve Brody, representante de Allied Artist, decidiera apostar por la obra de Castle. Brody le pagó al director $150.000 dólares, además de ofrecerle el 7% de las ganancias. La película recaudó más de un millón de dólares, en gran medida gracias al morbo creado por el truco de Castle, reafirmando la idea de que sus “curiosas” técnicas funcionaban a nivel comercial.

Su próximo trabajo sería la cinta de culto, “House on Haunted Hill” (1959), protagonizada por el gran Vincent Price. Pese a que esta obra es obviamente superior a su anterior trabajo, resulta evidente que el director pretende imitar en cierta medida al film de Clouzot, acumulando una vuelta de tuerca sobre otra. Nuevamente Robb White estaría a cargo del guión, esta vez de la película que según las palabras del mismo Castle: “era un esfuerzo serio por contar un terrorífica historia ambientada en una casa embrujada”. Fiel a su naturaleza “circense”, Castle se encargaría de comentar que la cinta fue fotografiada utilizando un nuevo proceso llamado “Emergo”, la que permitía que “la emoción volara directo hacia la audiencia”. La emoción de la que hablaba Castle (otro brillante truco publicitario por cierto) no era más que un esqueleto luminoso escondido en una caja ubicada sobre la pantalla, el cual les era lanzado a los espectadores en el momento preciso.

Para su próxima colaboración con White y Price, Castle volvería a Columbia para filmar la que posiblemente es la cinta más extraña de su carrera. “The Tingler” (1959), relata los esfuerzos de un doctor por capturar un extraño organismo que cree que existe al interior de todos los humanos, y el cual crece en la base de la médula cuanto sentimos miedo. Esta vez, Castle logró que los periódicos publicaran que durante las exhibiciones de la película, serían liberados algunos “Tinglers” en los teatros. Para lograr dicho efecto, los asientos de las salas de cine fueron equipados para que pudieran dar pequeños choques eléctricos, lo que se llamó “PeceptoVisión”. Para su próxima cinta “13 Ghosts” (1960), Castle ofrecería “visores de fantasmas”. Algunas porciones de la película fueron fotografiados en azul para que de esta forma aparecieran fantasmas en el fondo de la cinta. Al espectador se le daba la oportunidad de ver o no a estos fantasmas, gracias a las tiras de papel celofán azul y rojo que les eran entregados a la entrada del cine.

“Diabolique”, no seria el único film que calaría hondo en la cabeza del director. El estreno de “Psycho” (1960), del director Alfred Hitchcock, lo llevaría a interesarse en los thrillers psicológicos. Queriendo emular el trabajo del británico, Castle lanzaría “Homicidal” (1961), nuevamente con White a cargo del guión. Sería tal la obsesión de Castle por imitar la famosa escena de la ducha del film de Hitchcock, que en 1964 trabajaría junto a Robert Bloch (autor de la novela “Psycho”), en la cinta de misterio “Strait-Jacket”. Nuevamente junto a Bloch, solo que esta vez para la Universal, Castle filmaría otro drama psicológico llamado “The Night Walker” (1964). Su siguiente cinta, “I Saw What You Did” (1965) sería otro intento fallido por imitar a Hitchcock. Con “Let´s Kill Uncle” (1966) terminaría su breve paso por la Universal.

Cuando Castle leyó la novela de Ira Levin, “Rosemary´s Baby”, vió la historia como la oportunidad de realizar un film de horror prestigioso. Lamentablemente, Levin rechazó los $100.000 dólares que Castle le ofreció por los derechos de su obra, debido a que no quería tener negocios con un director conocido por sus películas mediocres y sus trucos publicitarios. Fue entonces que Castle formó una corporación falsa, logrando de esta forma adquirir los derechos de la novela. Sin embargo, consciente de sus propias limitaciones, optó por solo producir “Rosemary´s Baby” (1968) y cederle la dirección a Roman Polanski. Esta sería la cinta más exitosa de Castle, tanto a nivel de críticas como económico, y lo mejor de todo es que no tuvo que utilizar ningún truco para lograrlo.

Lamentablemente no pudo disfrutar de su éxito. Christopher Komeda, compositor de la música del film, murió al poco tiempo después. Luego Sharon Tate, la esposa de Polanski, fue asesinada por la secta de los Manson. Para colmo, él fue a parar al hospital por envenenamiento urémico. No tardaría en comenzar a creer que la cinta estaba maldita. Incluso llegó al punto de tener temor de caminar en la calle. Fue por esto que rechazó tajantemente hacerse cargo del proyecto de una secuela de la película. También rechazó el ofrecimiento de la cinta “The Exorcist” (1973), debido a que se sintió ofendido por los temas tocados en la historia. De ahí en adelante, se dedicaria a producir en televisión, y dirigiría un par de cintas que pasarían al olvido. William Castle sería un director relativamente mediocre, cuya filmografía presenta un par de cintas que resultan sumamente entretenidas pese a todo. En esencia, Castle era un showman que logró que sus trabajos traspasaran literalmente la pantalla, razón por la cual hoy es mayormente conocido y por lo que resulta díficil no sentir cierto interés por su colorida filmografía.

por Fantomas.

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