domingo, 19 de abril de 2009

Maestros de la Animación: Bob Clampett y su surrealismo en los estudios Warner.

Robert Emerson “Bob” Clampett, nació el 8 de mayo de 1913 en San Diego, California. Desde temprana edad, demostró tener un talento innato para el dibujo, lo que trajo como consecuencia que cuando estaba aún en el colegio, fue contactado por la agencia de prensa King Features, para que se encargara de dibujar la tira cómica de un periódico. Entre otro de sus logro tempranos, se dice que diseño los primeros muñecos de Mickey Mouse para Walt Disney. Según clamó el mismo Clampett en unas entrevistas posteriores, Disney quedó tan impresionado con su trabajo, que no tardó en ofrecerle trabajo. Sin embargo, la falta de espacio existente en el pequeño estudio Hyperion de la Disney, disuadió a Clampett de tomar el trabajo. En vez de eso, en el año 1931 comenzó a trabajar en la unidad de Hugh Harman y Rudolf Ising en la Warner Brothers como un “enlazador”. Al poco tiempo estaría trabajando como animador en “Lady Play Your Mandolin” (1931), el primer dibujo animado de la serie “Merry Melodies”, marcando el inicio de una carrera bastante prolífica.

Durante los cinco años siguientes, Clampett trabajó en un buen número de caricaturas y personajes, los cuales gradualmente comenzaron a construir su reputación como uno de los más jóvenes y brillantes animadores del estudio. Habiendo terminada su época de aprendizaje, en la que trabajó como animador principal en la unidad de Tex Avery (junto a Chuck Jones y otros animadores que trabajarían posteriormente con él), Clampett fue ascendido a director en julio de 1937, para llenar el espacio dejado por Frank Tashlin. Como primer proyecto, Clampett deseaba realizar una versión animada del personaje creado por Edgar Rice Burrough, John Carter. Sin embargo, este proyecto solo se quedó en la idea. En reemplazo, comenzó a dirigir una serie de cortos animados protagonizados por Porky Pig, a los cuales les supo inyectar algunas dosis de surrealismo, muy en la vertiente de su colega Tex Avery, aunque siempre intentando imponer su propio estilo.


El onceavo trabajo como director de Clampett al interior de la Warner, “Porky in Wackyland” (1938), es un perfecto ejemplo del estilo típico del director en sus inicios. Si bien en un comienzo se nos presenta un mundo más bien rudimentario, Clampett pronto abre una puerta a la diversión y la locura, cuando coloca a Porky en frente de un letrero que anuncia: “Bienvenido a Wackyland: Eso puede pasar acá”. La idea de plantear una tenue línea divisora entre dos mundos, la cual estuviese completamente demarcada, era uno de los sellos clásicos de los primeros trabajos de Clampett. Inspirado por Lewis Carroll y su “Alicia en el país de las maravillas”, como también en las pinturas de Picasso y Dali, Clampett envía a Porky a un viaje a lo surreal, donde lo abstracto y lo increíble se encuentra en cada esquina. Este episodio en particular, junto con “Polar Pals” (1939) y “The Film Fan” (1939), son de lo mejor de los primeros tres años de Clampett como director. El resto de sus obras de este periodo, aunque son meritorias, son opacadas por los trabajos de otros directores, en especial de Tex Avery.

Si bien se podría decir que la obra de Clampett aún estaba en proceso de maduración, es en la primera mitad de 1940 que las condiciones del estudio comienzan a acomodarse a la sensibilidad del director; él se encontraba inmerso en un estudio que presentaba un libertad creativa relativa a causa de la guerra, donde el personal era cambiado frecuentemente, donde además los criterios visuales y narrativos podían ser cambiados, donde los personajes (como Bugs y Daffy) comenzaban a ser moldeados tomando nuevas formas, y donde su estilo tan particular y extremo comenzaba a ser aceptado e incluso parecía algo necesario. Serían los dibujos animados que realizó desde 1940 a 1945, el año que dejó la Warner, los que ahora definen la reputación de Clampett.

De todos los directores que trabajaron para el equipo de animación de la Warner, Clampett podría ser considerado como una figura clave en la transformación del estilo de los productos del estudio, los cuales comenzaron progresivamente a volverse más frenéticos (puso un gran énfasis en el hecho de aumentar la velocidad de los dibujos animados), energéticos y exagerados, a finales de los treinta. El trabajo de Clampett en la década de los cuarenta, bien podría ser la cima de la primera “era dorada” de la animación de la Warner, periodo en el cual dejaron de ser la sombra de la Disney, ocupando el espacio dejado por la casa de Mickey Mouse, el cual estaba más interesado en la producción de largometrajes. Las cintas de Clampett en dicho periodo (particularmente desde 1942, cuando vio como aumentaba el presupuesto para sus proyectos y donde además se hizo cargo de la unidad de Avery) ilustran como el estudio intentó alejarse de la animación “semi-realista”, sumergiéndose en más en la sátira, la exageración y las locas ideas, pero siempre con un estilo refinado.

De esta forma, es que los cortos animados de Clampett se muestran sumamente paródicos y completamente concientes de su estatus dibujos animados producidos en Hollywood. Por ejemplo, “A Tale of Two Kitties” (1942), que dicho sea de paso, es el primer corto donde aparece Piolin aunque bajo el nombre de Orson, involucra un pareja de gatos basados en Abbott y Costello. En “Coal Black and de Sebben Dwarfs” (1943), se incluyen algunas maliciosas referencias de las cintas “Citizen Kane” (1941), de Orson Welles, y de “Snow White and the Seven Dwarfs” (1937), de David Hand. En “What´s Cookin´ Doc” (1944), aparece Bugs Bunny en su propia ceremonia de los premios de la Academia, y por último en “Kitty Kornered” (1946), se incluye una extensa referencia a la famosa emisión radial de “The War of the Worlds”, realizada por Orson Welles en 1938.

En los trabajos de Clampett también es evidente su fascinación por la cultura afroamericana de la época (lo que lo llevó a visitar numerosos clubes nocturnos en los cuales trabajaban artistas afroamericanos). En “Tin Pan Alley Cats” (1943), el director incorpora los modismos propios de la cultura callejera afroamericana, llevando los estereotipos a los extremos de la comedia absurda. De la misma forma, en muchos de sus cortos animados, uno puede percibir la influencia directa del mundo del comic, la música popular, la cultura callejera, el cine de acción y el arte contemporáneo (especialmente el surrealismo). Los mejores trabajos de Clampett era aquellos que tendían a retratar un periodo determinado, con los códigos sociales reinantes en aquel momento.

Luego de de retirarse de la Warner en 1945 por diferencias artísticas (aunque existe otra versión de que Clampett fue despedido por el ejecutivo del estudio, Eddie Selzer, quién se mostró bastante menos tolerante que Leon Schlesinger), Clampett se convirtió en el nuevo productor creativo de la recientemente formada Columbia Cartoons. La misma Warner comenzó a moverse a una nueva era, donde se enfatizó la consolidación de las unidades de animación, la narrativa, y el desarrollo de sus personajes estrella. A fines de los cuarenta, los dibujos animados de la Warner presentaban un mundo más consistente y racional, tomando distancia del estilo más caótico y energético que exhibía Clampett en su último periodo en el estudio.

Por la misma razón, no resulta sorprendente que Chuck Jones se mostrara absolutamente en contra de la figura de Clampett, junto con reprocharle el hecho de su los dichos de Clampett aludiendo a que él fue el creador de muchas de las ideas que dieron vida a los cortos animados más exitosos de la Warner. Esto tuvo como consecuencia de que muchos de los escritores de los dibujos animados del Hollywood clásico tuvieran que escoger un lado, dejando en evidencia su percepción de cual era el mejor director dentro del mundo de la animación. Aunque uno podría pensar que Clampett se ganó un buen número de detractores gracias a que se atribuyo la creación de personajes altamente reconocidos (entre ellos Bugs Bunny), además de verse a si mismo como la fuente de ideas de muchos de los directores del estudio, también existía cierta animosidad hacia él debido a su estatus de “niño dorado” al interior del estudio (Clampett era muy cercano a Leon Schlesinger), junto con el hecho de que en algunos sectores nunca se aprobó demasiado la particular visión del mundo animado creado por él.

Su salida de la Warner tras 15 años de trabajo, le permitió la libertad de explorar nuevas formas de animación. Clampett había estado ampliamente interesado en la combinación de distintos tipos de animación y la utilización de marionetas junto con acción real, por lo que tras estar un breve periodo como cabeza de la Columbia Cartoons, decidió integrarse al medio televisivo. Su primera incursión en la televisión fue el show “Time for Beany” (1949), el cual fue exhibido con gran éxito, y con el cual tuvo la oportunidad de promover su nombre y su “genio artístico”, de una manera mucho más amplia que la difusión prácticamente anónima con la que se habian estrenado muchas de sus animaciones para la Warner. Esta promoción del nombre de Clampett prosiguió con la versión animada de “Beany and Cecil” a fines de los cincuenta; incluso el tema principal contenía algunas referencias que aludian a la autoría de Clampett. El éxito y la amplia circulación de ambos shows tendieron a cubrir el trabajo del director para la Warner, pero al mismo tiempo lo ayudaron a publicitar su rol en la creación de personajes como Daffy y Bugs. Durante este periodo, Clampett también produjo otros pilotos para la televisión, los cual incluían: un programa de competencias, que combinaba a niños actuando con marionetas, otro programa que mezclaba cabezas humanas con cuerpos y paisajes animados; y una serie animada que presentaba a un par de nuevos personajes llamados Edgar Berger y Judy Canova.

Clampett siempre fue un director energético e inventivo, pero su estatus como uno de los “grandes de la animación”, lo ganó gracias a los dibujos animados que realizó entre 1942 y 1946. Con la salida de Clampett en 1945, finalizó la primera era dorada de la animación de la Warner. Muchas de sus obras funcionaban como parodias de determinados tópicos, las cuales incluían artefactos propios de la cultura reinante en dicho momento (por lo que existen muchas referencias a la guerra), razones las cuales encumbraban sus obras como las mejores representantes del momento más transgresor de los estudios Warner. Aunque es un personaje odiado por algunos sectores, es innegable su contribución al mundo de la animación, al cual ofreció una variante mucho más descabellada e interesante de lo que ofrecia el estudio de Walt Disney en aquel entonces, y que visto hoy en día sigue conservando el mismo valor artístico que hace más de cincuenta años atrás.



por Fantomas.

2 comentarios:

8soviet8 dijo...

Pinta muy bien tu nuevo blog, felicidades, ahora me das trabajo doble, aunque como se dice, sarna con gusto no pica!

babel dijo...

Buen artículo. Además dela faceta artística, Clampett era mucho menos moralizante que la competencia Disney, por lo que, en esa época, estaba condenado a un segundo plano. Esos segundos, terceros, cuartos... planos de la animación norteamericana son un mundo por descubrir del que, por aquí, se desconoce casi todo
Saludos!

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