miércoles, 11 de julio de 2012
Burt Lancaster: Un acróbata en Hollywood.
jueves, 14 de junio de 2012
Series de Televisión: "Friday the 13th: The Series", se venden antigüedades demoníacas.




jueves, 10 de mayo de 2012
Especial: ¿Qué es el cine de culto?
lunes, 16 de abril de 2012
Joseph Cotten: Crónica de una estrella fugaz.
Joseph Cheshire Cotten, nació el 15 de mayo de 1905, en Petersburg, Virgina, al interior de una familia acomodada sureña. Hijo de Joseph Cotten Sr. y Sally Bartlett, el mayor de tres hermanos descubrió a temprana edad su pasión por el teatro y la poesía, razón por la cual solía presentarle actos artísticos a su familia. Cotten estudiaría actuación en la Escuela Hickman de Expresionismo, ubicada en Washington, y en 1924 se mudaría a Nueva York para probar suerte en el mundo del teatro. Lamentablemente, el único trabajo que conseguiría sería como expedidor de una tienda. Luego de estar un año buscando un papel en una obra, Joseph viajó a Miami junto con unos amigos para pensar que iba a hacer con su vida. Durante ese tiempo, él trabajaría como salvavidas, crítico de teatro, publicista, e incluso como empresario a cargo de la fabricación y la venta de “Tip Top Potato Salad”. Sin embargo, su pasión por el teatro sería más fuerte y tras participar en una obra del Miami Civic Theater, consigue un trabajo en Nueva York como asistente del director de escena, gracias a un contacto que conoció al interior del periódico Miami Herald. En 1929, trabajaría durante una temporada en el Teatro Copley de Boston, donde aprendería el arte de la interpretación en las más de 30 obras en las cuales participó.Ya para 1930, Cotten se había hecho un nombre en el mundo del teatro, lo que lo llevó a debutar en una obra de Broadway. En 1931, el actor contrajo matrimonio con Lenore La Mont, una pianista divorciada que tenía una hija de dos años de edad. El matrimonio duraría hasta 1960, cuando Lenore fallecería a causa de la leucemia que le aquejaba. A mediados de la década del treinta, Cotten comenzó a trabajar en algunas obras de radioteatro. En una de sus audiciones, conoció a un hombre 10 años menor, que se transformaría en uno de sus mejores amigos y que tendría una gran influencia en su carrera. Su nombre era Orson Welles. Durante uno de los ensayos al interior de la radio de la CBS, la dupla dilapidó cualquier opción de ser contratados por la estación de radio. Durante un show que estaba ambientado en una planta de árboles de caucho, el par de actores no pudo aguantarse la risa que les causaba uno de los diálogos de la obra. El director a cargo estaba enfurecido con ambos, y no dudó en llamarlos “inmaduros” y “poco profesionales”. Ambos actores fueron considerados mala influencia, por lo que no sería hasta que Welles formara su propia compañía, los “Mercury Theatre Players”, que Cotten no compartiría escena con quién pronto se convertiría en una suerte de mentor que lo ayudaría a abrirse paso en la industria cinematográfica.
Antes de que eso sucediera, Cotten obtendría su primer rol protagónico en la segunda producción teatral de Welles titulada, “Horse Eats Hat”. Dicha obra se estrenó el 26 de diciembre de 1936, en el Teatro Maxine Elliott de Nueva York. Al año siguiente, Joseph pasaría a ser uno de los miembros originales de la celebrada compañía de Welles, lo que lo llevó a participar en producciones de Broadway tales como “Julius Caesar”, “The Shoemaker´s Holiday” y “Danton´s Death”, y en varias obras de radioteatro que fueron transmitidas por los programas “The Mercury Theatre on the Air” y “The Campbell Playhouse”. Cotten tendría su debut cinematográfico en un corto dirigido por Welles titulado, “Too Much Johnson”, el cual había sido escrito para ser estrenado en teatro. Lamentablemente, la cinta jamás fue estrenada en público y hoy en día se desconoce si existe alguna copia. En 1939, Cotten regresaría a Broadway para interpretar el rol protagónico en la obra “The Philadelphia Story”. Fue tal el éxito de dicha obra, que los estudios MGM realizarían una adaptación cinematográfica, la cual no sería protagonizada por Cotten sino que por Cary Grant. Aprovechando la situación, Leland Hayward, quien era el agente de Cotten, les sugirió a los ejecutivos de la MGM que se fijaran en el trabajo que venía haciendo Orson Welles, quien con su Mercury Theatre estaba generando bastante interés en Hollywood, pensando que él podría ayudar a su representado a convertirse en un actor de cine.Después del éxito que tuvo Welles con la transmisión radial de “War of the Worlds” durante la fiesta de Halloween de 1938, este obtuvo un contrato único con la RKO Pictures. El contrato por dos películas le otorgaba total libertad artística, aunque con la limitación de que serían producciones de bajo presupuesto. Rápidamente, Welles pensó en incluir a sus colegas del Mercury Theatre en su primer film. Sin embargo, pasaría un año antes de que Welles encontrara un proyecto que le llamara la atención, dicho proyecto se convertiría en “Citizen Kane” (1941). El rodaje de la cinta, basada en parte de la vida del magnate de la prensa, William Randolph Hearst, comenzaría a mediados de 1940 y Cotten sería el encargado de interpretar al mejor amigo del protagonista, quien a su vez era interpretado por Welles. Cuando “Citizen Kane” se estrenó el 1 de Mayo de 1941, no obtuvo una gran recaudación. Esto se debió a que el mismo Hearst, quien era dueño de varios periódicos, evitó que estos publicitaran el film. De todas formas, la crítica se haría cargo de otorgarle el reconocimiento que se merecería, lo que ayudó a catapultar las carreras de cuatro actores que eran miembros de los Mercury Players; Agnes Moorehead, Ruth Warrick, Ray Collins, y Joseph Cotten. Sin embargo, de los cuatro solo Cotten logró cierto éxito en Hollywood más allá de “Citizen Kane”, mientras que el resto interpretaría mayormente a personajes secundarios en una buena cantidad de largometrajes.
Un año después, Cotten protagonizaría la adaptación de la novela de Booth Tarkington, “The Magnificents Ambersons” (1942), la cual estaría a cargo de su amigo Orson Welles. Después del desastre comercial de “Citizen Kane”, los ejecutivos de la RKO se mostraron algo aprehensivos con la realización de esta producción, razón por la cual luego de algunas proyecciones de prueba, se editó más de una hora de metraje. Pese a todo, la cinta fue bien recibida por la crítica, quienes además destacaron la gran actuación de Cotten. En 1941, el actor nuevamente colaboraría con su gran amigo, está vez en la confección de guión del film “Journey into Fear” (1943), el cual fue protagonizado por el mismo Cotten. Aunque para el tiempo que comenzó el rodaje, Welles ya había sido despedido de la RKO, se le permitió trabajar en la producción con la condición de que su duración no fuera excesiva. Si bien la película tuvo un éxito moderado, la dupla de amigos solo volverían a trabajar juntos seis años más tarde, en el thriller, “The Third Man” (1949). Años más tarde, a sabiendas de la difícil personalidad de Welles, durante una entrevista le preguntaron a Cotten sobre su viejo amigo, a lo que este respondió: “Era exasperante. A veces era explosivo, irracional y feroz. También era elocuente, penetrante, excitante, y siempre ingenioso. Pero por sobre todo, nunca, pero nunca fue aburrido”.En 1943, Cotten firmó un contrato con el productor David O. Selznick, lo que sin duda le ayudó a lograr cierto estatus dentro del circuito hollywoodense durante gran parte de la década de los cuarenta. No solo tuvo la oportunidad de trabajar bajo las órdenes de Alfred Hitchcock en el thriller “Shadow of a Doubt” (1943), donde interpretaría a un asesino serial, sino que además pudo protagonizar cintas tan exitosas como “Gaslight” (1944), coprotagonizada por Ingrid Bergman y Charles Boyer, y “Duel in the Sun” (1946), donde interpretó al interés amoroso del personaje de Jennifer Jones. Con dicha actriz (quien era la esposa de Selznick), participaría en otros tres film: “Since You Went Away” (1944), “Love Letters” (1945), y “Portrait of Jennie” (1948), siendo esta última la más destacable de sus colaboraciones. En dicha película, Cotten interpretó a un melancólico artista que se obsesiona con una muchacha que parece haber muerto hace ya bastantes años. Este papel le valíó un premio en el Festival de Venecia. La relación de amistad del actor con los Selznick se extendería por años, hasta la muerte del productor en 1965. Antes de que terminara la década, Cotten trabajaría nuevamente con Hitchcock en el film “Under Capricorn” (1949), esta vez interpretando a un acaudalado hombre australiano con un oscuro pasado.
Durante la década del cincuenta, la popularidad de Cotten comenzó a declinar, aunque de todas formas tuvo la oportunidad de trabajar con actrices como Joan Fontaine en la cinta romántica “September Affair” (1950), y con Marilyn Monroe en el thriller “Niagara” (1953), luego de que James Mason rehusara interpretar el papel protagónico masculino de esté último film. En 1953, el actor volvería a trabajar en el teatro, esta vez interpretando el rol de Linus Larabee en la obra de Broadway “Sabrina Fair”, el cual sería interpretado por Humphrey Bogart en la adaptación cinematográfica que sería filmada en 1954. Tras trabajar en varias producciones menores, a mediados de los cincuenta Cotten decide tomarse un descanso y dedicarse de lleno al mundo de la televisión. Entre los programas en los cuales participó, se destacan “On Trial” (1956-59), el cual posteriormente pasó a llamarse “The Joseph Cotten Show”; y algunos episodios de las series “Alfred Hitchcock Presents” (1955-59) y “General Electric Theater” (1954-56). En 1958, tendría un pequeño cameo en la ya mencionada “Touch of Evil”, y obtendría el rol protagónico en la producción de ciencia ficción, “From the Earth to the Moon” (1958). Pese a esto, recién a mediados de los sesenta Cotten volvería a trabajar de manera regular en el cine.En 1960, Cotten contrajo matrimonio con la actriz británica Patricia Medina, luego del fallecimiento de su primera esposa a principios de ese mismo año. Tras un buen tiempo alejado del cine, el actor regresa con la cinta de terror “Hush… Hush, Sweet Charlotte” (1964), la cual pese a augurar una suerte de renacer profesional de Cotten, no evitó que durante el resto de la década del sesenta, este fuera relegado a participar en una serie de films olvidables y en variados shows de televisión. A principios de los setenta, Cotten obtuvo roles secundarios en un par de películas que fueron bien recibidas por la crítica y por el público, entre las que se encontraban: “Tora! Tora! Tora!” (1970), “The Abominable Dr. Phibes” (1971), y “Soylent Green” (1973). Pese a que la mayoría de los proyectos en los que se veía involucrado el actor eran de bajo presupuesto, la filmación en locaciones le permitió a él y a su esposa viajar por varios países, llegando incluso a vivir por cortos periodos de tiempo en Londres, Paris y Roma durante esta época. A fines de la década, Cotten realizó su contribución al “cine de desastres” con un rol en la cinta “Airport ´77” (1977), y continúo trabajando en televisión de manera regular.
En 1981, Cotten trabajaría por última vez como actor en el film de terror, “The Survivor”. Ese mismo año, el actor que entonces tenía 75 años de edad, sufriría un accidente cerebrovascular que afectaría gravemente su fonación. Por este motivo, tuvo que someterse varios años a terapia física, tiempo en el cual además aprovechó de dedicarse a la jardinería, hobby el cual siempre le había apasionado. En 1987, Cotten publicó su autobiografía titulada, “Vanity Will Get You Somewhere”, la cual logró ser comercializada con éxito. El resto de su vida la pasaría junto a su esposa en la casa que ambos tenían en Los Ángeles. El 6 de febrero de 1994, tras una larga batalla contra el cáncer de garganta, el actor fallecería a causa de la neumonía que desarrolló como complicación de su enfermedad de base. Durante el transcurso de su carrera, Joseph Cotten demostró ser un actor versátil que debió lidiar con la completa indiferencia por parte de la Academia. Quizás esta misma falta de reconocimiento por parte de la crítica, provocó que con el tiempo Cotten se convirtiera en un actor algo olvidado por el público en general, pese a haber aparecido en varias cintas exitosas y en otras que con el tiempo se han convertido en films de culto. Nunca es tarde para remediar los errores que se han cometido, y en este caso nunca es tarde para comenzar a conocer la obra de este estupendo actor.miércoles, 14 de marzo de 2012
George Peppard: La estrella que no fue.
George William Peppard Jr., nació el 1 de Octubre de 1928, en Detroit, Michigan. Hijo único de George Peppard, un empresario de la construcción, y Vernelle Rohrer, una cantante de ópera, George pasó su infancia y adolescencia en la ciudad de Dearborn, donde asistió a la escuela Dearborn High. Con el fin de desarrollar su afición por el teatro sin ser molestado por sus compañeros de colegio, él se destacó tanto en el equipo de atletismo, como en el de fútbol americano. Con el fin de dejar aún más en claro su virilidad, el 8 de Julio de 1946, se enlistó en el Cuerpo de Marines. Peppard, que en ese entonces tenía 18 años, fue enviado al campo de entrenamiento militar de Parris Island, para luego ser enviado en agosto a Campo Lejune. En aquel lugar fue asignado a una compañía al interior del Cuartel General de Batallones. Un mes después, fue asignado al primer batallón de la Décima Flota de Marines. En Abril de 1947, sería promovido a cabo, para luego abordar una serie de barcos que lo llevarían a realizar ejercicios militares en distintas bases ubicadas a lo largo de los Estados Unidos. Luego de permanecer durante 18 meses en distintas dependencias de los Marines, el cabo Peppard fue dado de baja con honores del Cuerpo de Marines. Tras su fallido paso por el ejército, se inscribió en la Universidad Purdue para estudiar ingeniería civil, carrera que le había llamado la atención desde su adolescencia, pese a que su madre quería que se convirtiera en pianista profesional.Cuando todo parecía estar en orden, su padre falleció súbitamente, lo que lo obligó a hacerse cargo del negocio familiar durante un año, donde participó en numerosas obras de construcción que su padre había dejado incompletas. A esas alturas, George ya no podía luchar contra su interés por el teatro, por lo que se matriculó en la Universidad de Bellas Artes del Instituto de Tecnología Carnegie, ubicado en Pittsburgh. Fue en aquel lugar que Peppard se graduó del bachillerato de artes, estudió griego y se interesó por la obra de Shakespeare, lo que lo llevó a participar en varias oportunidades en el Festival Shakesperiano de Oregón, entre 1952 y 1953. Al mismo tiempo que debutaba como actor profesional en el Pittsburgh Playhouse con la obra “The Crucible”, Peppard trabajaba en la radio del Instituto como disc-jockey e ingeniero de la estación, lo que lo ayudó a engrosar aún más su currículo artístico. Después de graduarse, el ahora actor se mudó a Nueva York para estudiar al interior del Actor´s Studio. Peppard y su novia de aquel entonces, Helen Davis, arrendaron un pequeño departamento en Greenwich Village, por el cual pagaban 40 dólares al mes. Para poder pagar dicho departamento, George trabajaría por un tiempo en un banco y como taxista.
Desde el principio de su carrera, Peppard se caracterizaría por ser un tipo directo que no tenía pelos en la lengua a la hora de catalogar un proyecto como mediocre, aún cuando esto podía afectar directamente su precaria situación económica, y enemistarle con agentes, productores, y directores por partes iguales. Pese a esto, el blondo y elegante actor conseguiría trabajo tanto en la radio como en la televisión. Durante su primer año en Nueva York, él junto a otros dos graduados del Actor´s Studios, Pat Hingle y Arthur Storch, fueron seleccionados para participar en una obra de Broadway de Richard Nash titulada, “Girls of Summer”, la cual se estrenó en Noviembre de 1956. Pese a que la obra fue un completo fracaso, la actuación de Peppard fue destacada por la crítica. Desafiando al destino, el trío de actores se embarcarían juntos en otro proyecto, el largometraje “The Strange One” (1957). Aunque nuevamente la actuación de Peppard fue destacada por la crítica, esto no le fue de gran ayuda en términos profesionales. Francamente preocupado por la situación en la que se encontraba, él decidió tomarse un tiempo para reevaluar la elección profesional que había hecho.Como era de esperarse, su pasión por la actuación ganó nuevamente, lo que llevó a Peppard a aceptar un rol en la serie de televisión Hallmark Hall of Fame and Suspicion. En 1958, obtendría un papel en otra obra de Broadway titulada, “The Pleasure of His Company”, la cual resultó ser exitosa a nivel del público y la crítica. Su participación en dicha obra lo llevaría a firmar un contrato con la MGM, y a participar en un par de producciones del estudio, entre las que se encontraban “Pork Chop Hill” (1959), “Home From the Hill” (1960), y “The Subterraneans” (1960), siendo esta última la primera cinta en la que Peppard obtendría un rol protagónico. Tan solo un año después, el actor trabajaría en la que tal vez es la cinta más importante de su carrera, la comedía romántica “Breakfast at Tiffany´s” (1961), donde interpretaría al interés amoroso del personaje de Audrey Hepburn. Gracias a este rol, durante un breve periodo de tiempo Peppard sería catapultado a la cima de la industria hollywoodense, logrando el estatus que buscó desde el inicio de su carrera. Durante cinco años, el actor participaría con roles protagónicos en cintas como “How the West Was Won” (1962), “The Victors” (1963), “The Carpetbaggers” (1964), “Operation Crossbow” (1965), “The Third Day” (1965), y “The Blue Max” (1966).
En 1964, Peppard se divorciaría de Helen Davis, con quién tuvo dos hijos, para contraer nupcias con su co-estrella en el film “The Carpetbaggers”, la actriz Elizabeth Ashley, con quién tendría a su tercer hijo, Christian. Ya durante la segunda mitad de la década de los sesenta, su carrera comenzó a declinar, lo que de todas formas no le impidió participar en cintas como “Tobruk” (1967), “House of Cards” (1968), y “Pendulum” (1969), entre otras. Lamentablemente, aunque por un lado Peppard demostraba ser un actor sumamente preocupado de su trabajo, lo que lo llevó por ejemplo a tomar clases de aviación para interpretar al piloto alemán Bruno Stachel en la cinta, “The Blue Max”, su afición por el alcohol desarrollada durante los años en los que intentaba lidiar con el hecho de que la fama le había sido esquiva, y su carácter complicado que lo llevó en más de una ocasión a estallar en los sets de filmación, lentamente lo fueron confinando a participar en producciones de bajo presupuesto. Durante este periodo, Peppard gozó de cierto éxito gracias a su participación en la serie de televisión, “Banacek” (1972-74), y al papel que interpretó en el telefilme, “Guilty or Innocent: The Sam Sheppard Murder Case” (1975), el cual fue ampliamente alabado por la crítica, lo que por un breve instante lo situó nuevamente como un actor respetado. Sin embargo, su mal ojo para escoger roles en el cine terminarían por sepultar su ya alicaída carrera.Durante los setenta participaría en films mediocres como “One More Train to Rob” (1971), “The Groundstar Conspiracy” (1972), “Newman´s Law” (1974), y “Dammation Alley” (1979), y en series de televisión que serían canceladas sin pena ni gloria, como “Mid-Air Crash” (1975) y “Doctor´s Hospital” (1975-76). En 1975, Peppard contraería matrimonio por tercera vez, con la también actriz Sherry Boucher-Lytle. Debido a la escases de ofertas laborales a la que se enfrentaba en aquel entonces, en 1979 decide producir, dirigir y protagonizar el drama, “Five Days From Home”, el cual tuvo una buena recepción por parte de la crítica. Aunque la experiencia resultó ser medianamente exitosa, Peppard no mostró ningún interés por repetirla, por lo que se volcó nuevamente a la actuación en cintas serie B y en series de televisión, siendo estas últimas las que eventualmente lo lanzarían a la fama nuevamente. Ya para 1978, el había actor abandonado el alcohol. Los problemas que había experimentado debido a su alcoholismo, lo llevarían a ocupar sus últimos años de vida a ayudar a otros alcohólicos en su lucha contra la adicción. En 1979, junto con divorciarse de su tercera esposa, el actor participaría en la deplorable “From Hell to Victory”, del director Umberto Lenzi.
Para poder pagar sus cuentas, Peppard comenzó los ochenta participando en otro puñado de cintas de calidad cuestionable, entre las que se encuentran “Battle Beyond the Stars” (1980), “Your Ticket is no Longer Valid” (1981), y “Race for the Yankee Zephyr” (1981). En 1981, el actor acepta el papel de Blake Carrington en la serie de televisión, “Dinasty” (1981-89). Sin embargo, durante el rodaje del episodio piloto en el que también participaron Linda Evans y Bo Hopkins, Peppard se enfrentó en reiteradas ocasiones con los productores de la serie, Richard y Esther Shapiro, debido a que estaba convencido de que su rol era demasiado similar al de J. R. Ewing de la serie “Dallas” (1978-91). Tres semanas después, mientras se filmaba un episodio adicional, el actor es despedido siendo reemplazado por John Forsythe, quien debe filmar nuevamente todas las escenas en las que había participado Peppard. Sería en 1983 cuando el actor volvería a surgir como una estrella de la televisión, interpretando al Coronel John “Hannibal” Smith, en la serie de acción y aventuras, “A-Team” (1983-87). Inicialmente, dicho papel había sido escrito pensando en el actor James Coburn, quien no aceptó la oferta recayendo el rol en manos de Peppard, a quien el productor de la serie, Stephen J. Cannell, le tenía una gran admiración pese a los problemas por los que era conocido el actor.Lamentablemente, Peppard haría gala de su mal carácter durante el rodaje de la serie, debido a la molestia que le causaba la excesiva atención que le estaban dando los medios a Mr. T. El enojo del actor llegó a tal punto, que durante un tiempo solo se comunicó con su colega a través de un intermediario (el también actor de la serie, Dirk Benedict). Entre los muchos rumores que existen, se dice que la verdadera razón por la cual el actor tuvo una pésima relación con Mr. T durante todos los años que trabajaron juntos, era porque este último era afroamericano. Además se comenta que en una ocasión, ambos actores llegaron a los puños. Mientras que algunos aseguran que Peppard le voló dos dientes a su musculoso colega, otros dicen que el veterano actor “solo” le causó una lesión cervical a Mr. T, la cual aún padece en la actualidad. Este no sería el único problema que tendría Peppard durante su participación en la serie, ya que también fue acusado de machista por las actrices Melinda Culea y Marla Heasly, a quienes les hizo la vida imposible aludiendo que el programa era exclusivamente para hombres. Durante este periodo, conocería a su cuarta esposa, Alexis Adams, con quién contraería matrimonio en 1984, y se divorciaría en 1986. En 1988, el actor protagonizaría un telefilme titulado, “Man Against the Mob”, el cual era el primero de una serie de producciones pensadas para la televisión, ambientadas en la década de los cuarenta. Al año siguiente rodaría una secuela titulada, “Man Against the Mob: The Chinatown Murders” (1989). Aunque se había planeado un tercer film, este no pudo ser realizado debido a que el actor falleció durante la preproducción.
En 1992, Peppard se despediría de su carrera cinematográfica con la cinta, “The Tigress”. Poco tiempo después, al actor que durante años había fumado dos cajetillas diarias, le fue diagnosticado cáncer al pulmón. Tras recibir la fatal noticia, contrajo nupcias por quinta y última vez con Laura Taylor, quien lo acompaño hasta el día de su muerte. Pese a la grave enfermedad que le aquejaba, Peppard no paró de trabajar, y en 1994 rodó el piloto de una nueva serie (un spin-off de "Matlock"), poco antes de fallecer. George Peppard falleció a causa de una pulmonía, el 8 de Mayo de 1994, a los 65 años de edad, en los Ángeles, California. El actor al que en su vida cotidiana le gustaba hacer ejercicio, navegar, cazar, leer y escribir, tuvo una carrera marcada por malas decisiones que lo llevaron a desperdiciar su talento, tirando por la borda cualquier posibilidad de convertirse en uno de los actores más recordados de su generación. Gran parte de sus problemas, surgieron a raíz de su afición por el tabaco y el alcohol, lo cual solo era superado por su gusto por las mujeres de “cualquier edad”, lo que lo llevó a contraer nupcias en cinco ocasiones. Aunque George Peppard siempre será recordado como por su interpretación del ingenioso y carismático John “Hannibal” Smith, el actor en algún momento fue una de las figuras más promisorias de la industria hollywoodense, lo que le permitió plasmar su talento en un puñado de producciones realizadas durante la década de los sesenta, y que eventualmente le valieron una estrella en el paseo de la fama de Hollywood.
miércoles, 18 de enero de 2012
Especial: Hitchcock y Herrmann, del amor al odio hay solo un paso.
Durante su periodo norteamericano, el director Alfred Hitchcock colaboró con destacados compositores en la realización de sus largometrajes, los cuales en su mayoría lograron transmitir el sentido de urgencia y la agitación propia de los dilemas hitcockianos. Sin embargo, sería en compañía de Bernard Herrmann que el director lograría sus mayores éxitos comerciales y artísticos. Desde su primera colaboración en el film “The Trouble With Harry” (1955), hasta su divorcio artístico en la cinta “Torn Curtain” (1966), Hitchcock y Herrmann demostraron ser el complemento perfecto durante casi una década. Sin embargo, ambos hombres eran poseedores de un carácter fuerte, lo que en ocasiones dificultó su relación. A continuación, repasaremos parte su historia juntos. Cuando Hitchcock se encontraba completando la cinta “To Catch a Thief” (1955), ya se encontraba preparando su siguiente film, una comedia titulada “The Trouble With Harry”, con lo que el director pretendía diversificar un poco el espectro de sus trabajos. Debido a que el compositor Lyn Murray se encontraba ocupado terminando la banda sonora de “To Catch a Thief”, este le sugirió a Hitchcock que hablara con su amigo Bernard Herrmann para que compusiera la música de su próximo proyecto.Pese a que el director ya se había topado con Herrmann algunos años antes, nunca había tenido la oportunidad de cimentar una relación laboral con el músico, por lo que la idea le pareció atractiva. Sin embargo, Herrmann no tenía mayor interés de componer la banda sonora de una comedía. Eventualmente, la idea de trabajar en un estudio distinto a la 20th Century Fox, llamó la atención del compositor, por lo que terminó aceptando la propuesta de Hitchcock. Conocido por ser un perfeccionista, Herrmann no tardó en tener varios problemas con los miembros de la orquesta de los estudios Paramount, a quien acusó de ser poco profesionales. Por otro lado, su primera impresión de Hitchcock tampoco sería muy favorable. Una vez que terminó la primera sesión de grabación, se acercó a Lyn Murray y le dijo: “Él podrá ser amigo tuyo, pero es un imbécil”. Pese a lo brusca de su introducción, este sería el inicio de una de las colaboraciones artísticas más exitosas de Hollywood. Para el film, Herrmann compondría música original, y reutilizaría algunos pasajes de un grupo de composiciones utilizadas anteriormente por él para una serie radial de la CBS.
Hitchcock quedó encantado con el trabajo de Herrmann, al punto que frecuentemente recordaría la banda sonora de “The Trouble With Harry”, como una de sus favoritas. Para el director, Herrmann había capturado su macabro sentido del humor y la dulce inocencia de la Norteamérica rural. Pese a que ambos hombres eran conocidos por ser temperamentales, perfeccionistas, y tendientes a experimentar explosiones de ira que se intercalaban con periodos de profunda depresión, terminaron formando un fuerte lazo personal basado en el respeto y la mutua admiración. El habitualmente solitario Hitchcock, comenzaría a invitar a Herrmann y a su esposa Lucy, a pasar los fines de semana en su casa en Bel Air. Ambos pasarían largas horas conversando en la cocina, mientras el director se dedicaba a cocinar. El compositor logró comprender la compleja personalidad de Hitchcock, gracias a lo cual pudo expresar musicalmente lo que pensaba el director con respecto a sus obras, siendo en gran medida la receta de su éxito.Para su segunda película juntos, Hitchcock quiso revisitar una de sus primeras obras, “The Man Who Knew Too Much” (1938). Pese a que el director estaba satisfecho con el film original, pensaba que no era más que “el trabajo de un talentoso aficionado”. Como ahora contaba con una mayor de recursos, cortesía de la Paramount, a Hitchcock le pareció lógico realizar una nueva versión del relato. La versión de 1956 de “The Man Who Knew Too Much” es superior a la original en casi todos los aspectos. El director le pidió a Herrmann que compusiera una pieza original para la secuencia que iba a ser filmada en el Royal Albert Hall de Londres, junto con la Orquesta Sinfónica de Londres. Sin embargo, Herrmann optó por tributar la obra del afamado compositor Arthur Benjamin. A raíz de esto y con el objetivo de alargar la secuencia, la Paramount le pidió al mismísimo Benjamin que escribiera un minuto y 20 segundos más de música, para completar su ya conocida y celebrada pieza. Debido a que Hitchcock deseaba imprimirle un mayor realismo a la escena, le pidió a Herrmann que apareciera en el podio y condujera a la orquesta mientras esta tocaba la climática cantata de Benjamin. Fue tal el fiato de Herrmann con los miembros de la Sinfónica, que al final del rodaje le regalaron un volumen de su historia con la dedicatoria: “Para Bernard Herrmann, el hombre que sabe demasiado”. Como era de esperarse, la película fue todo un éxito, augurando que esta no sería la última colaboración entre el director y el compositor.
Para su próximo film, “The Wrong Man” (1957), Hitchcock su mudó temporalmente a los estudios de la Warner Brothers. La banda sonora que en esta ocasión Herrmann compuso, sembraría las bases de la música escrita por el mismo compositor para el film de Martin Scorsese, “Taxi Driver” (1976), el cual además sería el último trabajo de Herrmann. En el intertanto, la relación fuera de la pantalla entre el músico y el director se fue haciendo cada vez más profunda. Lentamente, Herrmann comenzó a ser arrastrado al pequeño círculo cercano de Hitchcock. Sin embargo, en el ámbito laboral la relación de ambos era algo complicada. El director era un personaje autoritario, que solía planear cada detalle de sus producciones incluso antes de que comenzaran las filmaciones, por lo que no dejaba mucho espacio para la libertad creativa. Por primera vez, Bernard Herrmann sentía que había encontrado a alguien capaz de igualarlo, e incluso superarlo en el aspecto creativo, por lo que tuvo que convertirse en la extensión invisible del alma artística de Hitchcock para lograr cierto control sobre su trabajo. Su estrategia pronto daría frutos, razón por la cual eventualmente el director terminó cediéndole el control sobre la música de sus films, confiando en que eran capaces de complementarse a la perfección.En 1958, Hitchcock adaptaría la novela “D´Entre les Morts”, de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, dando vida al film “Vertigo”. Para muchos críticos, la cinta no solo reflejaría los miedos y las debilidades del director, sino que también las de Herrmann. La música escrita por el compositor para el largometraje, se convirtió en la mera expresión de la angustia mortal del protagonista, y en cierta medida, de su búsqueda de redención por medio del amor. Si bien al momento de su estreno, “Vertigo” no fue bien recibida por la crítica ni el público, con el paso de los años pasaría a ser considerada como una verdadera obra maestra, tomando especial importancia la exquisita banda sonora compuesta por Herrmann. Al año siguiente, tras trabajar nuevamente con Hitchcock en el film, “North by Northwest” (1959), la dupla realizaría uno de sus trabajos más celebrados; la polémica “Psycho” (1960). Alabada por el público de la época, y denostada por los críticos y los ejecutivos de la Paramount, la cinta basada en la obra del escritor Robert Bloch presentaba una serie de temas potencialmente incendiarios, entre los que se encontraban el incesto, la violencia, y las deviaciones sexuales.
Hitchcock rodaría el film en solo cinco semanas, utilizando un presupuesto bastante ajustado. Una vez que finalizó el trabajo de fotografía, el director comenzó a tener serias dudas con respecto a la película. A sus ojos, el relato era demasiado plano y sin vida, por lo que estuvo mucho tiempo dándole vuelta a la idea de cortar un buen número de escenas, para presentar la cinta como parte de la serie que en aquel entonces él tenía en la televisión (Alfred Hitchcock Presents, 1955-62). Cuando Bernard Herrmann vio el film, identificando las posibilidades del mismo, inmediatamente le pidió al director que lo dejara en su poder mientras este último se iba de vacaciones. Hitchcock aceptó la propuesta con una sola condición; el compositor no podía escribir música para la famosa escena de la ducha, ya que el director quería que el único sonido ambiental fuese el del agua cayendo de la ducha. Por razones artísticas y presupuestarías, Herrmann se vio obligado a utilizar solo instrumentos de cuerda para desarrollar la banda sonora. Pese a que nunca había hecho algo en contra de los deseos de Hitchcock, en esta ocasión optó por ignorar por completo la petición de este, y compuso una pieza musical para la escena de la ducha, confiando en que el director le tenía el suficiente respeto como para no estallar en ira una vez que viera que había decidido desobedecerlo.Cuando Hitchcock volvió de sus vacaciones, y vio la escena acompañada por la atmosférica banda sonora compuesta por Herrmann, sorprendentemente aprobó su decisión con la cabeza. Extrañado, el compositor le dijo: “Pero Hitch. Yo pensé que no querías que esa escena fuera musicalizada”, a lo que el director respondió: “Fue una sugerencia impropia muchacho, una sugerencia impropia”. La excelsa combinación de la música de Herrmann con las imágenes de Hitchcock, lograron con “Psycho” se alzara como una de las grandes obras maestras dentro de la historia del cine. Era tal el grado de satisfacción del director, que en una rara exhibición de generosidad, en varias entrevistas proclamaría que “el 33% del éxito de Psycho fue gracias a la música de Bernard Herrmann”. Sin embargo, sería durante este periodo que se comenzarían a generar sutiles diferencias entre los dos hombres, que terminarían separándolos por el resto de sus vidas. Con el paso de los años, Hitchcock comenzaría a disminuir su carga de trabajo, al mismo tiempo que exhibía una mayor selectividad a la hora de escoger sus proyectos. Su siguiente film “The Birds” (1963), no gozaría del mismo éxito que sus anteriores proyectos, y la colaboración de Herrmann en esta ocasión solo se reduciría a realizar algunos efectos de sonido, todo bajo la estricta supervisión del director.
Algo que se le había criticado duramente a Hitchcock en “The Birds”, era la elección de la novata Tippi Hedren como protagonista. Decido a probar que los críticos se equivocaban, el director volvería a seleccionar a la actriz para protagonizar su siguiente film, “Marnie” (1964). Por su parte, Herrmann compartía la opinión de la crítica, razón por la cual eventualmente tuvo problemas con el temperamental director. Este no sería el único problema que tendría la dupla durante la producción de la cinta. En aquel entonces, la política administrativa de los grandes estudios comenzó a darle una marcada importancia al aspecto económico de sus producciones, dejando de lado el aspecto artístico. Debido a esto, los ejecutivos de la Universal no querían que Herrmann participara en la composición de la banda sonora de “Marnie”, por considerarlo demasiado anticuado. Eventualmente, estos dejaron que Herrmann trabajara en el film, con la condición de que escribiera una canción a la que se le pudiera sacar algún provecho comercial. Sin embargo, esta imposición no le agrado en lo absoluto al compositor, quien no tardó en recordarle al director que su calidad artística le permitía hacer lo que él estimara conveniente (aunque las palabras específicas fueron: “diles que se metan sus impropias sugerencias en el trasero”).Una vez más, Hitchcock confió en el juicio de su amigo, y le otorgó libertad de acción. Pese a que la banda sonora de Herrmann es uno de los puntos más altos del film, este fue un completo fracaso de taquilla, lo que provocó que los ejecutivos ejercieran una mayor presión sobre el inseguro director, convenciéndolo que necesita urgentemente realizar un film exitoso, cosa la cual le iba a ser imposible si seguía trabajando con Herrmann. En aquellos tiempos, el clima musical de la industria hollywoodense estaba cambiando drásticamente. El uso de sinfónicas en las bandas sonoras de los films no solo resultaba costoso para los estudios, sino que además comenzaban a verse arcaicas en comparación con los nuevos estilos de música que estaban surgiendo en los sesenta. Hitchcock ya había mostrado su preocupación por esta serie de cambios, la cual no hizo más que acrecentarse luego de sus más recientes fracasos comerciales. Sumergido en su propia amargura, el director no encontró nada mejor que cargarle toda la responsabilidad del fracaso de “Marnie” a Herrmann, marcando el principio del fin de una provechosa relación laboral y personal.
Len Wasserman, presidente de la Universal en aquel entonces, no haría más que dinamitar la ya frágil relación existente entre Hitchcock y Herrmann. Cuando el director comenzó con la preproducción de la cinta “Torn Curtain” (1966), el ejecutivo le insistió que debía contratar a un compositor más joven para escribir la banda sonora del film. Tras la “sugerencia” de Wasserman, se escondía un resentimiento que este último tenía hacia Herrmann, debido a que unos años antes el compositor había rechazado una oferta laboral que le había realizado la cabeza de la Universal. Con el paso de los años, las inseguridades de Hitchcock convirtieron al una vez testarudo director, en alguien asustadizo e indeciso. Con el fin de no crearse mayores problemas, este le pidió a su asistente, Peggy Robertson, que conversará con Herrmann, quien en ese entonces se encontraba viviendo en Inglaterra, sumido en una profunda depresión debido a su reciente separación con su esposa Lucy. La incómoda situación, llevó a que el director se comunicara con el músico únicamente mediante intermediarios y telegramas. Esto significó que Herrmann no solo diera por finalizada su amistad con Hitchcock, sino que además cambió por completo su percepción del director, a quien ahora consideraba una mera marioneta corporativa.Dentro de los mensajes que Hitchcock le envió a Herrmann, le expresó como deseaba que fuese la banda sonora de “Torn Curtain”. No solo le comentó que música escrita en sus últimos trabajos juntos era anticuada y poco original, sino que además puntualizó el hecho de que si quería seguir trabajando con él, debía escribir piezas musicales que le fuesen atractivas a los adolescentes. Indignado, Herrmann intentó razonar con Hitchcock, expresándole que él no estaba dispuesto a escribir música para adolescentes, complicando aún más la situación. Hitchcock se sentía entre la espada y la pared, y lo que más le molestaba era el hecho de que el compositor no fuese capaz de seguir instrucciones. Para el director, Herrmann era un hombre arrogante, que se había convertido en una espina que debía remover de su costado para poder terminar el film. Una de las imposiciones que Hitchcock le hizo al compositor, fue que no musicalizara la secuencia de 10 minutos de duración donde el protagonista se enfrenta con un agente ruso en una granja. Pensando que nuevamente podía salvar la producción como lo había hecho con “Psycho”, Herrmann ignoró por completo la orden del director. Sin embargo, en esta ocasión la reacción de este último no sería la que el compositor esperaba ver.
Cuando Herrmann le mostró a Hitchcock la música que había escrito para el film, el director explotó en ira, insistiéndole al compositor que esa no era el tipo de música que él le había pedido componer. Herrmann le rogó al director que al menos lo dejara terminar las grabaciones del día, y que ahí decidiera que iba a hacer con la música. Con la seria intención de regañar y humillar al compositor frente a sus pares, Hitchcock despidió a la orquesta en medio de las grabaciones y canceló las sesiones restantes. Luego de decir unas breves palabras, el director regresó a su oficina, se disculpó con sus empleados, y despidió a Herrmann, ofreciéndole pagarle el sueldo con dinero de su propio bolsillo. Al rato después, Hitchcock telefoneó al compositor solo para reprocharle que lo había apuñalado por la espalda. Con un carácter igual de volátil, Herrmann le gritó de vuelta que el director había abandonado su integridad y que se había vendido por un par de dólares extra. Luego de aquella tensa conversación telefónica, Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann nunca más volverían a hablarse de manera cordial, dando por finalizada una de las sociedades artísticas más exitosas en la historia de Hollywood.
La banda sonora de “Torn Curtain” finalmente fue escrita por el compositor británico, John Addison. Lamentablemente para Hitchcock, la cinta fue un completo desastre. Se dice que con el paso de los años, el director había comenzado a sentir celos no solo de la popularidad que gozaba Herrmann, sino que además del hecho de que se sugirió que sus éxitos previos se debían en gran parte a la colaboración del compositor. Como sucede en la gran mayoría de los divorcios, mientras uno de los participantes queda con la certeza de haber tomado la decisión correcta, la otra parte sufre durante mucho tiempo. En este caso, fue Herrmann quien nunca se recuperó de la ruptura de su relación con Hitchcock, tanto a nivel emocional como económico. Su nombre había dejado de ser sinónimo de éxito en Hollywood, por lo que no recibía un gran número de ofertas laborales. Por otro lado, en el ámbito más personal, el compositor le pidió a un buen número de amigos que intercedieran ante Hitchcock para recuperar su amistad, pero no obtuvo resultado alguno. El gran problema, era que según el director, Herrmann había intentado sabotear su film, razón por la cual su amistad había terminado.
El director jamás olvidaría este hecho, al punto que años más tarde, cuando en una entrevista le preguntaron si existía la posibilidad de trabajar con Herrmann nuevamente, él respondió: “Si, si hace lo que yo le diga”. En 1968, el compositor grabó un disco con la Orquesta Filarmónica Nacional titulado, “Music From the Great Movie Thrillers”, el cual se presentaba como un sentido homenaje al trabajo realizado para los films de Hitchcock. Cuando el álbum fue lanzado, Herrmann albergó la esperanza que este pudiera ablandar el corazón del director. Acompañado por Norma, su nueva prometida, el compositor regresó a Los Ángeles con la intención de presentársela a su viejo amigo Hitch. Sin embargo, cuando llegó a su oficina, el director se negó a verlo, lo que hizo estallar de ira a Herrmann quien abandonó con un portazo la oficina de Hitchcock, siendo esta la última vez que tendrían contacto. Es curioso como las cosas que en un determinado momento unen, pueden llegar a desintegrar una relación. De personalidades similares, en un inicio Hitchcock y Herrmann lograron complementarse a tal punto, que cada uno se convirtió en una extensión del otro, logrando que su arte se potenciara y tocara a un mayor número de personas. Lo que alguna vez fue una relación cordial, terminó convirtiéndose en una guerra de egos, donde el más grande damnificado en el público en general. La “cortina de hierro” que se formó entre estos dos personajes (otorgándole un significado casi profético a su última colaboración juntos), no se disolvería, como tampoco se disolvería el inmenso legado que dejaron, cuya capacidad de trascender tiempos y fronteras permanece más vivo que nunca.
por Fantomas.




