sábado, 21 de marzo de 2009

Bernard Herrmann: Un genio con un temperamento explosivo.

Pese a que él compuso la música de una gran cantidad de series de televisión, obras de teatro y obras de radioteatro, Bernard Herrmann es mayormente conocido por sus incomparables bandas sonoras realizadas para el cine. Bernard Herrmann nació en Nueva York el 29 de junio de 1911. Pese a no provenir de una familia de músicos, es debido a la influencia de su padre que el pequeño Bernard comienza a desarrolla un creciente interés por la música. Su padre desde temprana edad, lo llevaba frecuentemente a él y a su hermano a la ópera y a conciertos de música clásica, además del hecho que los incentivó a tocar un intrumento (en el caso de Bernard se trató de un violin). El joven Herrmann demostraría su habilidad innata como músico y compositor a los doce años, donde ganaría un premio por una canción que él mismo compuso. Su educación musical continuaría en la Universidad de Nueva York, donde estudió composición, y en la Julliard School of Music. A los 18 años se encontraba conduciendo su propia orquesta, comenzando una carrera que dejaría una huella enorme en el mundo del cine.

Su primer triunfo laboral fue el logro de un contrato con la Columbia Broadcasting System en el año 1934, que consistía en la composición de la música que acompañaria los programas educacionales desarrollados por la empresa, además de conducir la orquesta sinfónica de la CBS. Ese trabajo lo llevaría a componer la música de algunas obras de radioteatro, ámbito donde pronto se destacaría. Sería en este media donde conocería a un joven Orson Welles, con quien entablaría una amistad además de una sociedad laboral, que incluyo la composición de la infame adaptación de la novela de H. G. Wells, “The War Of The Worlds”, transmitida el año 1938 y que causó un pánico generalizado en norteamerica debido a que muchos de los auditores pensaron que la Tierra era victima de una invasión marciana. Seria gracias a esta amistad con Wells que Herrmann llegaría a Hollywood. En el año 1939, Welles le pidió a Herrmann que lo acompañara a Hollywood para que se encargara de componer la banda sonora de “la mejor película de todos los tiempos”, “Citizen Kane” (1941). Cuando su próxima banda sonora para la película, “The Devil & Daniel Webster” (1941), ganara un premio Oscar, su futuro parecía asegurado.

Con al excepción de la banda sonora del la segunda cinta de Welles, “The Magnificent Ambersons” (1942), la gran mayoría de la composiciones que Herrmann realizó durante la década de los cuarenta, lograron de manera exitosa mezclar intrigantes ideas orquestales con momentos musicales más dramáticos, creando de esta forma bandas sonoras sumamente atrayentes. Un ejemplo de esto es la banda sonora que compuso para la cinta “Jane Eyre” (1944), la cual es en esencia romántica, aunque con tonos bastante oscuros. Curiosamente, mucha de la música de esta película, fue utilizada con anterioridad por Herrmann en una narración de la novela de Daphne Du Maurier, “Rebecca”, que se había realizado en la radio. El hábito de reutilizar elementos de sus anteriores trabajos se repetiría en numerosas ocasiones durante su carrera.

En “Hangover Square” (1945), cinta en la que el protagonista es un músico que se encuentra al borde de la locura, Herrmann pudo explorar uno de sus temas favoritos: la obsesión. Más tarde en su carrera, el compositor tendría la misión de musicalizar films cuyos protagonistas estaban guiados por una psicología algo torcida, por lo que el tema de la obsesión dio nacimiento a las composiciones más potentes del artista. Otras bandas sonoras notables realizadas por Herrmann durante los cuarenta fueron las de las cintas “Anna and the King of Siam” (1946), la que le valió una nominación al Oscar, y la de la película “The Ghost and Mrs Muir” (1947). Sería la música de esta última, la que con el tiempo se volvería en la composición favorita de Herrmann.

La década del cincuenta sería el periodo más éxitoso de Herrmann, tanto en el ámbito laboral como creativo. Entre los trabajos de esa época se encuentran las bandas sonoras de: “The Day The Earth Stood Still” (1951), en la cual utiliza el theramin, un instrumento que lograba dar la impresión de que la música había sido tocada con instrumentos electrónicos; “The Snows of the Kilimanjaro” (1952); “The Kentuckian” (1955); y de la cinta “The 7th Voyage of Sinbad” (1958), entre otras. Sin embargo, el hito más importante de este periodo fue el inicio de la celebrada sociedad entre Herrmann y Alfred Hitchcock. Muchos de los temas tratados en las cintas del inglés eran del interés del músico. Las complejas dicotomías de la realidad/fantasía, atracción/repulsión y obsesión/desprendimiento, eran conceptos que generalmente uno puedo encontrar en la música del compositor. Desde “The Trouble with Harry” (1955), hasta “Torn Curtain” (1966), la sociedad Hitchcock/Herrmann demostró ser una de las más inventivas y eficientes de la cinematografía.

Si bien toda la música que compuso Herrmann para los films de Hitchcock juega una parte importante en las mismas, casi como si se tratara de un personaje más, la banda sonora compuesta para la cinta “Vértigo” (1958), sería la que lo ubicaria en un nivel distinto al resto, siendo también una de sus más discutidas obras. Es en esta película donde se nota más como la música de Herrmann marca cada uno de los momentos de la historia, ya sea llenándolos de una sensación de tensión e inminente peligro, o impregnándolos de dramatismo y nostalgía. Luego vendría la banda sonora de “North by Northwest” (1959), y la de “Psycho” (1960), cinta que cimentaría tanto la reputación del compositor como la del director. Utilizando solo instrumentos de cuerda, Herrmann logra un efecto drámatico potente y una banda sonora inolvidable. Finalmente vendrían “The Birds” (1963), cinta en la cual Herrmann oficiaría como encargado de los efectos de sonido, “Marnie” (1964) y “Torn Curtain”, donde el trabajo de Herrmann no logró satisfacer al director, por lo cual sería el compositor John Adisson quien finalmente se haría cargo de la banda sonora. Este sería el fin de una sociedad éxitosa, pero fuertemente marcada por un tremendo choque de egos, que tarde o temprano iba a terminar estallando.

Afortunadamente no todas las relaciones laborales de Herrmann resultaron desagradables. La más lucratica de estas sociedades fue aquella que entabló con el productor Charles Schenner, cuyos films fantásticos solían utilizar los ingeniosos efectos en stop-motion del artista, Ray Harryhausen. A pesar de que en un principio Herrmann se mostraba algo indeciso con la idea de crear música para este tipo de cintas, terminó aceptando la composición de la banda sonora de la primera película a color de Harryhausen, “The 7th Voyage of Sinbad” (1958). El éxito a nivel artístico de esta cinta, daría como resultado que Herrmann también compusiera la música de: “The 3 Worlds of Gulliver” (1960), y “Mysterious Island” (1961). Sin embargo tras esta última, la relación laboral entre Herrmann y Schenner comenzó a deteriorarse, principalmente por la peticiones económicas del compositor. De todas formas, Herrmann compuso una banda sonora más para el productor, la de la mítica “Jason and the Argonauts” (1963).

Los films de Harryhausen no serían las únicas cintas del género fantástico en las que Herrmann trabajaría durante las décadas de los cincuenta y sesenta. El músico también compondría las bandas sonoras de “Journey to the Centre of the Earth” (1959), y la de “Fahrenheit 451” (1966). En todas estas películas, Herrmann dejaría claro su capacidad de crear música que captaba la esencia de los mundos fantásticos que eran exhibidos en la pantalla. Luego del problema acontecido en “Torn Curtain”, Herrmann pronto vió como su música comenzaba a volverse impopular en Hollywood. Durante los últimos cinco años de su vida, el músico comenzó a ser requerido por un número de cineastas en ascenso. Directores como Brian De Palma, Martin Scorsese y Larry Cohen, trabajarían junto al compositor. De este periodo lo más rescatable son las colaboraciones en las cintas “Sisters” (1973) y “Obsession” (1976), de Brian De Palma, y en “Taxi Driver” (1976), de Martin Scorsese, banda sonora que marcaría el fin de su carrera junto con ser la única en la que el compositor mezclaría la orquestación clásica con elementos propios del jazz.


Herrmann también musicalizó algunas series de televisión como “The Twilight Zone”, “The Alfred Hitchcock Hour”, “The Virginian” y “Have Gun Will Travel”. Bernard Herrmann fue un hombre complejo cuyo explosivo temperamento y su intolerancia hacia los músicos mediocres lo convirtieron en un personaje con el cual costaba crear una buena atmósfera de trabajo. Era un hombre abierto, culto y sumamente inteligente, cuyo intenso interés en el cine y el medio drámatico le permitió dar vida a muchas de las bandas sonoras más recordadas de la historia del cine. Su trabajo logró cobrar la misma importancia que las imágenes, las actuaciones y el guión. Es indudable que las cintas en las que trabajó no serían las mismas sin sus composiciones, las que lograban transmitir emociones, insertarnos en mundos fantásticos o sencillamente mantenernos al borde de nuestros asientos.













por Fantomas.

1 comentario:

babel36 dijo...

Caray, Fantomas... Este blog es un libro abierto, está bien pero que muy bien, vaya trabajo te has tomado, felicidades!. Lo añado a mis favoritos para que no se me olvide la vista regular. De momento, agradecerte lo de las bandas sonoras, que iré bajando. Empiezo por la de Ciudadano Kane, una de mis cintas favoritas. Y, por descontado, muchas gracias por los enlaces y la cuidada información.

Saludos!

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