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miércoles, 18 de enero de 2012

Especial: Hitchcock y Herrmann, del amor al odio hay solo un paso.

Durante su periodo norteamericano, el director Alfred Hitchcock colaboró con destacados compositores en la realización de sus largometrajes, los cuales en su mayoría lograron transmitir el sentido de urgencia y la agitación propia de los dilemas hitcockianos. Sin embargo, sería en compañía de Bernard Herrmann que el director lograría sus mayores éxitos comerciales y artísticos. Desde su primera colaboración en el film “The Trouble With Harry” (1955), hasta su divorcio artístico en la cinta “Torn Curtain” (1966), Hitchcock y Herrmann demostraron ser el complemento perfecto durante casi una década. Sin embargo, ambos hombres eran poseedores de un carácter fuerte, lo que en ocasiones dificultó su relación. A continuación, repasaremos parte su historia juntos. Cuando Hitchcock se encontraba completando la cinta “To Catch a Thief” (1955), ya se encontraba preparando su siguiente film, una comedia titulada “The Trouble With Harry”, con lo que el director pretendía diversificar un poco el espectro de sus trabajos. Debido a que el compositor Lyn Murray se encontraba ocupado terminando la banda sonora de “To Catch a Thief”, este le sugirió a Hitchcock que hablara con su amigo Bernard Herrmann para que compusiera la música de su próximo proyecto.

Pese a que el director ya se había topado con Herrmann algunos años antes, nunca había tenido la oportunidad de cimentar una relación laboral con el músico, por lo que la idea le pareció atractiva. Sin embargo, Herrmann no tenía mayor interés de componer la banda sonora de una comedía. Eventualmente, la idea de trabajar en un estudio distinto a la 20th Century Fox, llamó la atención del compositor, por lo que terminó aceptando la propuesta de Hitchcock. Conocido por ser un perfeccionista, Herrmann no tardó en tener varios problemas con los miembros de la orquesta de los estudios Paramount, a quien acusó de ser poco profesionales. Por otro lado, su primera impresión de Hitchcock tampoco sería muy favorable. Una vez que terminó la primera sesión de grabación, se acercó a Lyn Murray y le dijo: “Él podrá ser amigo tuyo, pero es un imbécil”. Pese a lo brusca de su introducción, este sería el inicio de una de las colaboraciones artísticas más exitosas de Hollywood. Para el film, Herrmann compondría música original, y reutilizaría algunos pasajes de un grupo de composiciones utilizadas anteriormente por él para una serie radial de la CBS.

Hitchcock quedó encantado con el trabajo de Herrmann, al punto que frecuentemente recordaría la banda sonora de “The Trouble With Harry”, como una de sus favoritas. Para el director, Herrmann había capturado su macabro sentido del humor y la dulce inocencia de la Norteamérica rural. Pese a que ambos hombres eran conocidos por ser temperamentales, perfeccionistas, y tendientes a experimentar explosiones de ira que se intercalaban con periodos de profunda depresión, terminaron formando un fuerte lazo personal basado en el respeto y la mutua admiración. El habitualmente solitario Hitchcock, comenzaría a invitar a Herrmann y a su esposa Lucy, a pasar los fines de semana en su casa en Bel Air. Ambos pasarían largas horas conversando en la cocina, mientras el director se dedicaba a cocinar. El compositor logró comprender la compleja personalidad de Hitchcock, gracias a lo cual pudo expresar musicalmente lo que pensaba el director con respecto a sus obras, siendo en gran medida la receta de su éxito.

Para su segunda película juntos, Hitchcock quiso revisitar una de sus primeras obras, “The Man Who Knew Too Much” (1938). Pese a que el director estaba satisfecho con el film original, pensaba que no era más que “el trabajo de un talentoso aficionado”. Como ahora contaba con una mayor de recursos, cortesía de la Paramount, a Hitchcock le pareció lógico realizar una nueva versión del relato. La versión de 1956 de “The Man Who Knew Too Much” es superior a la original en casi todos los aspectos. El director le pidió a Herrmann que compusiera una pieza original para la secuencia que iba a ser filmada en el Royal Albert Hall de Londres, junto con la Orquesta Sinfónica de Londres. Sin embargo, Herrmann optó por tributar la obra del afamado compositor Arthur Benjamin. A raíz de esto y con el objetivo de alargar la secuencia, la Paramount le pidió al mismísimo Benjamin que escribiera un minuto y 20 segundos más de música, para completar su ya conocida y celebrada pieza. Debido a que Hitchcock deseaba imprimirle un mayor realismo a la escena, le pidió a Herrmann que apareciera en el podio y condujera a la orquesta mientras esta tocaba la climática cantata de Benjamin. Fue tal el fiato de Herrmann con los miembros de la Sinfónica, que al final del rodaje le regalaron un volumen de su historia con la dedicatoria: “Para Bernard Herrmann, el hombre que sabe demasiado”. Como era de esperarse, la película fue todo un éxito, augurando que esta no sería la última colaboración entre el director y el compositor.

Para su próximo film, “The Wrong Man” (1957), Hitchcock su mudó temporalmente a los estudios de la Warner Brothers. La banda sonora que en esta ocasión Herrmann compuso, sembraría las bases de la música escrita por el mismo compositor para el film de Martin Scorsese, “Taxi Driver” (1976), el cual además sería el último trabajo de Herrmann. En el intertanto, la relación fuera de la pantalla entre el músico y el director se fue haciendo cada vez más profunda. Lentamente, Herrmann comenzó a ser arrastrado al pequeño círculo cercano de Hitchcock. Sin embargo, en el ámbito laboral la relación de ambos era algo complicada. El director era un personaje autoritario, que solía planear cada detalle de sus producciones incluso antes de que comenzaran las filmaciones, por lo que no dejaba mucho espacio para la libertad creativa. Por primera vez, Bernard Herrmann sentía que había encontrado a alguien capaz de igualarlo, e incluso superarlo en el aspecto creativo, por lo que tuvo que convertirse en la extensión invisible del alma artística de Hitchcock para lograr cierto control sobre su trabajo. Su estrategia pronto daría frutos, razón por la cual eventualmente el director terminó cediéndole el control sobre la música de sus films, confiando en que eran capaces de complementarse a la perfección.

En 1958, Hitchcock adaptaría la novela “D´Entre les Morts”, de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, dando vida al film “Vertigo”. Para muchos críticos, la cinta no solo reflejaría los miedos y las debilidades del director, sino que también las de Herrmann. La música escrita por el compositor para el largometraje, se convirtió en la mera expresión de la angustia mortal del protagonista, y en cierta medida, de su búsqueda de redención por medio del amor. Si bien al momento de su estreno, “Vertigo” no fue bien recibida por la crítica ni el público, con el paso de los años pasaría a ser considerada como una verdadera obra maestra, tomando especial importancia la exquisita banda sonora compuesta por Herrmann. Al año siguiente, tras trabajar nuevamente con Hitchcock en el film, “North by Northwest” (1959), la dupla realizaría uno de sus trabajos más celebrados; la polémica “Psycho” (1960). Alabada por el público de la época, y denostada por los críticos y los ejecutivos de la Paramount, la cinta basada en la obra del escritor Robert Bloch presentaba una serie de temas potencialmente incendiarios, entre los que se encontraban el incesto, la violencia, y las deviaciones sexuales.

Hitchcock rodaría el film en solo cinco semanas, utilizando un presupuesto bastante ajustado. Una vez que finalizó el trabajo de fotografía, el director comenzó a tener serias dudas con respecto a la película. A sus ojos, el relato era demasiado plano y sin vida, por lo que estuvo mucho tiempo dándole vuelta a la idea de cortar un buen número de escenas, para presentar la cinta como parte de la serie que en aquel entonces él tenía en la televisión (Alfred Hitchcock Presents, 1955-62). Cuando Bernard Herrmann vio el film, identificando las posibilidades del mismo, inmediatamente le pidió al director que lo dejara en su poder mientras este último se iba de vacaciones. Hitchcock aceptó la propuesta con una sola condición; el compositor no podía escribir música para la famosa escena de la ducha, ya que el director quería que el único sonido ambiental fuese el del agua cayendo de la ducha. Por razones artísticas y presupuestarías, Herrmann se vio obligado a utilizar solo instrumentos de cuerda para desarrollar la banda sonora. Pese a que nunca había hecho algo en contra de los deseos de Hitchcock, en esta ocasión optó por ignorar por completo la petición de este, y compuso una pieza musical para la escena de la ducha, confiando en que el director le tenía el suficiente respeto como para no estallar en ira una vez que viera que había decidido desobedecerlo.

Cuando Hitchcock volvió de sus vacaciones, y vio la escena acompañada por la atmosférica banda sonora compuesta por Herrmann, sorprendentemente aprobó su decisión con la cabeza. Extrañado, el compositor le dijo: “Pero Hitch. Yo pensé que no querías que esa escena fuera musicalizada”, a lo que el director respondió: “Fue una sugerencia impropia muchacho, una sugerencia impropia”. La excelsa combinación de la música de Herrmann con las imágenes de Hitchcock, lograron con “Psycho” se alzara como una de las grandes obras maestras dentro de la historia del cine. Era tal el grado de satisfacción del director, que en una rara exhibición de generosidad, en varias entrevistas proclamaría que “el 33% del éxito de Psycho fue gracias a la música de Bernard Herrmann”. Sin embargo, sería durante este periodo que se comenzarían a generar sutiles diferencias entre los dos hombres, que terminarían separándolos por el resto de sus vidas. Con el paso de los años, Hitchcock comenzaría a disminuir su carga de trabajo, al mismo tiempo que exhibía una mayor selectividad a la hora de escoger sus proyectos. Su siguiente film “The Birds” (1963), no gozaría del mismo éxito que sus anteriores proyectos, y la colaboración de Herrmann en esta ocasión solo se reduciría a realizar algunos efectos de sonido, todo bajo la estricta supervisión del director.

Algo que se le había criticado duramente a Hitchcock en “The Birds”, era la elección de la novata Tippi Hedren como protagonista. Decido a probar que los críticos se equivocaban, el director volvería a seleccionar a la actriz para protagonizar su siguiente film, “Marnie” (1964). Por su parte, Herrmann compartía la opinión de la crítica, razón por la cual eventualmente tuvo problemas con el temperamental director. Este no sería el único problema que tendría la dupla durante la producción de la cinta. En aquel entonces, la política administrativa de los grandes estudios comenzó a darle una marcada importancia al aspecto económico de sus producciones, dejando de lado el aspecto artístico. Debido a esto, los ejecutivos de la Universal no querían que Herrmann participara en la composición de la banda sonora de “Marnie”, por considerarlo demasiado anticuado. Eventualmente, estos dejaron que Herrmann trabajara en el film, con la condición de que escribiera una canción a la que se le pudiera sacar algún provecho comercial. Sin embargo, esta imposición no le agrado en lo absoluto al compositor, quien no tardó en recordarle al director que su calidad artística le permitía hacer lo que él estimara conveniente (aunque las palabras específicas fueron: “diles que se metan sus impropias sugerencias en el trasero”).

Una vez más, Hitchcock confió en el juicio de su amigo, y le otorgó libertad de acción. Pese a que la banda sonora de Herrmann es uno de los puntos más altos del film, este fue un completo fracaso de taquilla, lo que provocó que los ejecutivos ejercieran una mayor presión sobre el inseguro director, convenciéndolo que necesita urgentemente realizar un film exitoso, cosa la cual le iba a ser imposible si seguía trabajando con Herrmann. En aquellos tiempos, el clima musical de la industria hollywoodense estaba cambiando drásticamente. El uso de sinfónicas en las bandas sonoras de los films no solo resultaba costoso para los estudios, sino que además comenzaban a verse arcaicas en comparación con los nuevos estilos de música que estaban surgiendo en los sesenta. Hitchcock ya había mostrado su preocupación por esta serie de cambios, la cual no hizo más que acrecentarse luego de sus más recientes fracasos comerciales. Sumergido en su propia amargura, el director no encontró nada mejor que cargarle toda la responsabilidad del fracaso de “Marnie” a Herrmann, marcando el principio del fin de una provechosa relación laboral y personal.

Len Wasserman, presidente de la Universal en aquel entonces, no haría más que dinamitar la ya frágil relación existente entre Hitchcock y Herrmann. Cuando el director comenzó con la preproducción de la cinta “Torn Curtain” (1966), el ejecutivo le insistió que debía contratar a un compositor más joven para escribir la banda sonora del film. Tras la “sugerencia” de Wasserman, se escondía un resentimiento que este último tenía hacia Herrmann, debido a que unos años antes el compositor había rechazado una oferta laboral que le había realizado la cabeza de la Universal. Con el paso de los años, las inseguridades de Hitchcock convirtieron al una vez testarudo director, en alguien asustadizo e indeciso. Con el fin de no crearse mayores problemas, este le pidió a su asistente, Peggy Robertson, que conversará con Herrmann, quien en ese entonces se encontraba viviendo en Inglaterra, sumido en una profunda depresión debido a su reciente separación con su esposa Lucy. La incómoda situación, llevó a que el director se comunicara con el músico únicamente mediante intermediarios y telegramas. Esto significó que Herrmann no solo diera por finalizada su amistad con Hitchcock, sino que además cambió por completo su percepción del director, a quien ahora consideraba una mera marioneta corporativa.

Dentro de los mensajes que Hitchcock le envió a Herrmann, le expresó como deseaba que fuese la banda sonora de “Torn Curtain”. No solo le comentó que música escrita en sus últimos trabajos juntos era anticuada y poco original, sino que además puntualizó el hecho de que si quería seguir trabajando con él, debía escribir piezas musicales que le fuesen atractivas a los adolescentes. Indignado, Herrmann intentó razonar con Hitchcock, expresándole que él no estaba dispuesto a escribir música para adolescentes, complicando aún más la situación. Hitchcock se sentía entre la espada y la pared, y lo que más le molestaba era el hecho de que el compositor no fuese capaz de seguir instrucciones. Para el director, Herrmann era un hombre arrogante, que se había convertido en una espina que debía remover de su costado para poder terminar el film. Una de las imposiciones que Hitchcock le hizo al compositor, fue que no musicalizara la secuencia de 10 minutos de duración donde el protagonista se enfrenta con un agente ruso en una granja. Pensando que nuevamente podía salvar la producción como lo había hecho con “Psycho”, Herrmann ignoró por completo la orden del director. Sin embargo, en esta ocasión la reacción de este último no sería la que el compositor esperaba ver.

Cuando Herrmann le mostró a Hitchcock la música que había escrito para el film, el director explotó en ira, insistiéndole al compositor que esa no era el tipo de música que él le había pedido componer. Herrmann le rogó al director que al menos lo dejara terminar las grabaciones del día, y que ahí decidiera que iba a hacer con la música. Con la seria intención de regañar y humillar al compositor frente a sus pares, Hitchcock despidió a la orquesta en medio de las grabaciones y canceló las sesiones restantes. Luego de decir unas breves palabras, el director regresó a su oficina, se disculpó con sus empleados, y despidió a Herrmann, ofreciéndole pagarle el sueldo con dinero de su propio bolsillo. Al rato después, Hitchcock telefoneó al compositor solo para reprocharle que lo había apuñalado por la espalda. Con un carácter igual de volátil, Herrmann le gritó de vuelta que el director había abandonado su integridad y que se había vendido por un par de dólares extra. Luego de aquella tensa conversación telefónica, Alfred Hitchcock y Bernard Herrmann nunca más volverían a hablarse de manera cordial, dando por finalizada una de las sociedades artísticas más exitosas en la historia de Hollywood.

La banda sonora de “Torn Curtain” finalmente fue escrita por el compositor británico, John Addison. Lamentablemente para Hitchcock, la cinta fue un completo desastre. Se dice que con el paso de los años, el director había comenzado a sentir celos no solo de la popularidad que gozaba Herrmann, sino que además del hecho de que se sugirió que sus éxitos previos se debían en gran parte a la colaboración del compositor. Como sucede en la gran mayoría de los divorcios, mientras uno de los participantes queda con la certeza de haber tomado la decisión correcta, la otra parte sufre durante mucho tiempo. En este caso, fue Herrmann quien nunca se recuperó de la ruptura de su relación con Hitchcock, tanto a nivel emocional como económico. Su nombre había dejado de ser sinónimo de éxito en Hollywood, por lo que no recibía un gran número de ofertas laborales. Por otro lado, en el ámbito más personal, el compositor le pidió a un buen número de amigos que intercedieran ante Hitchcock para recuperar su amistad, pero no obtuvo resultado alguno. El gran problema, era que según el director, Herrmann había intentado sabotear su film, razón por la cual su amistad había terminado.

El director jamás olvidaría este hecho, al punto que años más tarde, cuando en una entrevista le preguntaron si existía la posibilidad de trabajar con Herrmann nuevamente, él respondió: “Si, si hace lo que yo le diga”. En 1968, el compositor grabó un disco con la Orquesta Filarmónica Nacional titulado, “Music From the Great Movie Thrillers”, el cual se presentaba como un sentido homenaje al trabajo realizado para los films de Hitchcock. Cuando el álbum fue lanzado, Herrmann albergó la esperanza que este pudiera ablandar el corazón del director. Acompañado por Norma, su nueva prometida, el compositor regresó a Los Ángeles con la intención de presentársela a su viejo amigo Hitch. Sin embargo, cuando llegó a su oficina, el director se negó a verlo, lo que hizo estallar de ira a Herrmann quien abandonó con un portazo la oficina de Hitchcock, siendo esta la última vez que tendrían contacto. Es curioso como las cosas que en un determinado momento unen, pueden llegar a desintegrar una relación. De personalidades similares, en un inicio Hitchcock y Herrmann lograron complementarse a tal punto, que cada uno se convirtió en una extensión del otro, logrando que su arte se potenciara y tocara a un mayor número de personas. Lo que alguna vez fue una relación cordial, terminó convirtiéndose en una guerra de egos, donde el más grande damnificado en el público en general. La “cortina de hierro” que se formó entre estos dos personajes (otorgándole un significado casi profético a su última colaboración juntos), no se disolvería, como tampoco se disolvería el inmenso legado que dejaron, cuya capacidad de trascender tiempos y fronteras permanece más vivo que nunca.

por Fantomas.

viernes, 13 de enero de 2012

John Carpenter: El miedo es sólo el comienzo

John Howard Carpenter nació en Carthage, Nueva York, el 16 de enero de 1948. Hijo de Milton Jean Carter y Howard Ralph Carpenter, fue criado en Bowling Green, Kentucky, donde su padre trabajaba como profesor de historia y teoría de la música en la Universidad Oeste de Kentucky. En aquel entonces, la familia Carpenter vivía en una pequeña cabaña situada en las cercanías del museo de la Universidad, la cual arrendaban por 50 dólares al mes. El lugar era un verdadero paraíso natural, ocupado por una modesta laguna y un bosque conformado por diversos tipos de árboles. John creció en este ambiente salvaje y hermoso, con tintes casi fantásticos, lo que lo llevaría a sentirse algo solo a ratos, pero al mismo tiempo le ayudaría a desarrollar su imaginación. Al ser su padre un violinista, el pequeño John constantemente escuchaba música clásica, lo que lo llevó a aprender a tocar violín, piano y guitarra. Su madre por otro lado, trabajaba en una librería. Desde temprana edad, sus padres lo incentivaron a desarrollar su creatividad. En su hogar no compraron una televisión hasta que John tuvo doce años, y era común ver una gran cantidad de libros en las repisas de cada una de las habitaciones. No pasó mucho tiempo antes de que John decidiera comenzar a utilizar una vieja máquina de escribir con la cual dio rienda suelta a su creatividad.

En una de sus tantas entrevistas, Carpenter menciona que la primera película que fue a ver junto a su padre fue “The African Queen” (1951), donde la imagen de Humphrey Bogart saliendo del agua cubierto por sanguijuelas dejaría una marcada huella en su memoria. Sin embargo, la cinta que desataría su pasión por el cine sería “It Came from Outer Space” (1953), la cual originalmente fue filmada en 3D. Luego de aquella experiencia, John se convertiría en un adicto al cine, por lo que constantemente estaría creando películas en su mente. La cabaña que era su hogar y las cercanías del museo, se convertirían en los sets de filmación de las pequeñas historias que creaba. Cuando tenía ocho años, su padre le regaló una cámara de video de 8mm, con stop motion. Con ella haría su primer film junto con un grupo de amigos; “Gorgon the Space Monster”, la cual no solo incluía efectos especiales en stop motion, sino que también presentaba una banda sonora compuesta por diferentes piezas de música clásica y algunos ruidos grabados por el mismo Carpenter. Cada vez que el ahora cineasta amateur se reunía con amigos, les hacía ver su “ópera prima”. Fue en aquel entonces cuando comenzó a decirle a sus padres que se convertiría en director de cine y que se mudaría a Hollywood.



Su pasión, algo obsesiva a ratos, lo llevó a convertirse en una persona solitaria, un ser algo extraño que no encajaba en la comunidad en la que estaba inmerso, que se caracterizaba por ser bastante conservadora y poco sofisticada. En 1964, cuando los Beatles se hicieron populares, John se dejó el pelo largo, perpetuando en forma consciente su propia soledad. Recién cuando ingresó a la escuela secundaria, encontró algo que le interesaba aún más que las películas; las chicas. En aquella época logró convertirse en alguien popular, lo que cambió su forma de pensar de manera radical. Ya no le satisfacía aislarse de la sociedad, sino que se percató de lo mucho que le gustaba ser aceptado por los demás, y que para hacerlo, debía encontrar una forma para llegar a ellos. Aún siendo un adolescente, prueba el oficio de escritor, abordando temas de ciencia ficción y terror. Debido a esto, a los 15 años decide fundar una productora llamada Emerald Productions, la cual utiliza para dar un toque de profesionalismo a los diversos cortometrajes y a los fanzines que edita entre 1965 y 1969, como por ejemplo: “Fantastic Films Illustrated”, “King Kong Journal” y “Phantasm: Terror Thrills of the Films”.

Antes de retirarse de la Universidad Oeste de Kentucky, John participó un tiempo como actor. Aunque su interpretación era más bien mecánica y carente de toda emoción, la experiencia le sirvió no solo para volver a interesarse en el cine, sino que también para comprender el proceso al que debían someterse los actores en su trabajo. Fue entonces cuando decide cambiarse a la prestigiosa Universidad del Sur de California de Artes Cinematográficas, con el apoyo irrestricto de su padre. Durante su corta estadía en dicha casa de estudios, Carpenter escribió y dirigió un cortometraje de 8 minutos titulado, “Captain Voyeur” (1968). Dicho corto, presentaría una serie de elementos que el director posteriormente utilizaría en uno de sus largometrajes más celebrados, “Halloween” (1978). Al año siguiente, John colaboraría con el productor y escritor John Longenecker, con quien filmaría el cortometraje, “The Resurrection of Brocho Billy” (1970). Dicha cinta, que era una elegía al western, presentaba a un protagonista no hace más que expresar el deseo del mismo Carpenter de convertirse en un héroe del viejo oeste. El director no solo obtendría un Oscar al mejor cortometraje por su trabajo, sino que además este se convertiría en el primer film realizado por un estudiante en ser estrenado en todos los Estados Unidos.


Su próximo trabajo, una comedia negra de ciencia ficción llamada “Dark Star” (1974), comenzó como un proyecto estudiantil. Sin embargo, Carpenter pronto se dio cuenta de que dentro de los parámetros universitarios era imposible llevar a cabo un proyecto de la magnitud que él quería hacerlo. La historia de dicho film la coescribió junto a Dan O´Bannon, con quién además compartió diversas labores como por ejemplo la composición de la banda sonora, la fabricación de efectos especiales e incluso tuvieron que participar como actores de la cinta. Con solo 60.000 dólares, la dupla logró armar un largometraje que fue distribuido a nivel nacional, lo que impresionó a muchos de los ejecutivos de los grandes estudios debido a la capacidad de ambos de armar un proyecto rentable con poco dinero, y utilizando elementos que podían haber sido sacados de un tacho de basura. Si bien en la actualidad el director no ve con buenos ojos su primer largometraje, si reconoce que la experiencia serviría para ver cómo funcionaba la industria del cine, y el proceso que se debía llevar a cabo para transformar una idea en una película.

El siguiente film de Carpenter sería “Assault on Precint 13” (1976), el cuál sería un thriller de bajo presupuesto influenciado directamente por las obras de Howard Hawks, en particular la cinta “Rio Bravo” (1959). Tal y como había sucedido en su anterior trabajo, John no solo se encargo de la dirección, sino que también escribió el guión, compuso la banda sonora y realizó la edición bajo el seudónimo de John T. Chance, que era el nombre del personaje de John Wayne en “Rio Bravo”. Aunque en Norteamérica el film no tuvo mucho éxito y fue bastante maltratado por la crítica, en Europa, específicamente en el Festival de Cine de Londres, tuvo una muy buena recepción, lo que según el mismo Carpenter, marcaría el comienzo de su carrera como director. La realización de dicha cinta tendría otra consecuencia importante. El director conocería a Debra Hill, productora y guionista con la que además de compartir la admiración por Howard Hawks, terminaría trabajando en gran parte de sus películas más celebradas. Curiosamente, con el transcurso de los años, “Assault on Precint 13” obtendría el reconocimiento que se merecía en los Estados Unidos, siendo considerada como uno de los mejores films de “explotación” de los setenta.


Antes de filmar la que quizás es su mejor película, Carpenter dirigió un film de suspenso hecho para la televisión titulado, “Someone´s Watching Me!” (1978), cuya historia tomaba prestados una gran cantidad de elementos propios del cine de Alfred Hitchcock. Fue aquí donde conoció a la actriz Adrienne Barbeau, con quien contrajo matrimonio al año siguiente, tuvo un hijo llamado John Cody, y se separó en 1984. En una de sus conversaciones con el productor Irwin Yablans, el directo comenzó a discutir el deseo del productor de filmar un largometraje centrado en un asesino con un gusto especial por las niñeras. Carpenter tomó la idea de Yablans y junto a Debra Hill, desarrolló una historia situada en la fiesta de Halloween. Durante la filmación de “Halloween” (1978), nuevamente John se haría cargo de la composición de la banda sonora, la cual en algunas entrevistas ha admitido que fue inspirada por las bandas sonoras de las cintas “Suspiria” (1977) y “The Exorcist” (1973). El director nuevamente trabajaría con un presupuesto relativamente bajo, de tan solo 320.000 dólares.

Para su sorpresa, el film recaudaría alrededor de 65 millones de dólares, convirtiéndose en la cinta independiente más exitosa de la historia. El éxito del largometraje residía básicamente en el hecho de que el director insertó un elemento “extraño” en un ambiente cotidiano, convirtiendo la historia en algo tangible y creíble. Cabe mencionar que dicha película, es considerada por mucho como el iniciador del popular género slasher que reinó durante la década de los ochenta en los Estados Unidos. En 1979, Carpenter colaboraría por primera vez con el actor Kurt Russell, en la cinta hecha para la televisión, “Elvis” (1979). Dicho largometraje, no solo obtuvo el beneplácito de los espectadores y la crítica, logrando que fuera distribuida en algunas salas de cine internacionales, sino que además ayudó a revivir la carrera de Russell, quien había sido lanzado a la fama como “niño actor” en la década de los sesenta. En su próximo trabajo, el director volvería a aliarse con Debra Hill para escribir el guión de “The Fog” (1980), una fantasmal historia de venganza inspirada en cómics tales como “Tales from the Crypt”, y en la cinta “The Crawling Eye” (1958), en la cual aparecían unos monstruos que se escondían en las nubes.


Completar “The Fog” no sería tarea fácil para Carpenter. Después de ver la primera edición del film, el director no se mostró satisfecho con el resultado. Por primera vez en su carrera, tuvo que ingeniárselas para salvaguardar un proyecto que estaba casi terminado y que lamentablemente, no cumplía con sus expectativas. Por este motivo, decidió filmar varias escenas no escritas en el guión original, las cuales finalmente equivaldrían a un tercio de la película terminada. Pese a todos los problemas que debió superar, y a la mala critica que recibió el film, de todas formas logro recaudar cerca de 21 millones de dólares, con un presupuesto inicial de tan solo un millón. En 1981, Carpenter comienza a rodar “Escape From New York”, la cual no hace más que reflejar sus preferencias por el cine de suspenso, la ciencia ficción, la comedia y el western, además de su afición por los cómics. El protagonista, Snake Plissken, interpretado por Kurt Russell, era un personaje sacado directamente del mundo del los cómics, que además presentaba algunas características propias del típico héroe del western. Quizás por este motivo, dicho personaje no tardaría en convertirse en uno de los protagonistas más recordados del mundo cinematográfico de Carpenter, alcanzando incluso una suerte de culto en torno a él.

Durante la filmación de “Escape From New York”, el director le solicitó ayuda a Roger Corman, quien le cedió varios técnicos de su compañía New World Pictures para completar los efectos especiales. Entre dicho grupo de técnicos, se encontraba un joven James Cameron, quien eventualmente se convertiría en uno de los directores más reconocidos de Hollywood. En su próximo film, “The Thing” (1982), película basada en el clásico de la ciencia ficción del director Howard Hawks, “The Thing From Another World” (1951), y en la novela de John W. Campbell Jr., “Who Goes There?”, Carpenter da el salto a las grandes ligas. Con un presupuesto de 15 millones de dólares, el director trabajaría nuevamente junto a Kurt Russell, con el experto en efectos especiales Rob Bottin, y con el afamado compositor Ennio Morricone, en la realización de uno de los grandes clásicos del cine de ciencia ficción. Lamentablemente para Carpenter, la cinta no tuvo un gran éxito comercial, convirtiéndose en el primer fracaso financiero del director. Debido a esto, la Universal, quien le habría ofrecido la adaptación de una de las novelas de Stephen King titulada “Firestarter”, decide removerlo de la dirección para contratar a Mark L. Lester. Irónicamente, el siguiente proyecto de Carpenter estaría basado en una de las novelas del exitoso escritor.


El guión de “Christine” (1983), estaba basado en la novela del mismo nombre de King, y se centraba en la historia de un adolescente que compra un viejo automóvil el cual resulta tener poderes sobrenaturales. Pese a que la cinta fue bien recibida por el público y la crítica, Carpenter no estaba satisfecho con su trabajo. Según él, solo realizó esta película porque era lo único que le fue ofrecido en aquel entonces. En su búsqueda por reencantar a la audiencia, el director se topó con un guión escrito por Bruce Evans y Raynold Gideon, el cual utilizaría para rodar la cinta romántica de ciencia ficción, “Starman” (1984). Para Carpenter, esta era su oportunidad de demostrar que podía desenvolverse en otros campos distintos al cine de terror y suspenso. El largometraje, que tuvo un éxito moderado, dio pie para que el productor Ilva Salkind le ofreciera a John la dirección de “Santa Claus: The Movie” (1985). Aunque inicialmente el director se mostró encantado con la idea de diversificar el tipo de cine que estaba rodando, las múltiples exigencias que le presentó al productor, entre las que se encontraba la opción de tener un completo control creativo, terminaron por desencadenar su desvinculación del proyecto. Varios años más tarde, Carpenter declararía en una entrevista que se arrepentía de haber dejado pasar una posibilidad de demostrarle a la crítica que tenía la capacidad de dirigir cualquier tipo de historia.

Lamentablemente para el director, su próximo film, la comedia de acción “Big Trouble in Little China” (1986), resultaría ser un completo fracaso de taquilla, lo que desencadenó que tuviera que lidiar con diversos problemas financieros durante los años siguientes. Carpenter no tuvo más opción que regresar al cine de bajo presupuesto, filmando largometrajes tales como “Prince of Darkness” (1974), film influenciado por la serie de la BBC, “Quatermass” (1953-58), en el cual pudo plasmar su interés por la religión y la miseria humana. Posteriormente rodaría la película de ciencia ficción, “They Live” (1988), la cual expresaba una feroz crítica al capitalismo reinante en Norteamérica. Pese a que tampoco fue bien recibida en su momento, con el transcurso de los años se ha convertido en una obra de culto. Antes de que terminara la década de los ochenta, a Carpenter se le ofreció la dirección de cintas como “The Exorcist III” (1990), “Top Gun” (1986) y “Fatal Attraction” (1987), proyectos de los cuales decidió retirarse por diversos motivos. Desde aquí en adelante, la carrera del director mostraría un marcado declive. Cintas fallidas como “Memoirs of an Invisible Man” (1992), “Body Bags” (1993), “Village of the Damned” (1995), “Escape From L.A.” (1996) y “Vampires” (1998), marcarían una etapa donde Carpenter se alejaba cada vez más de la brillantez que lo caracterizó en una época.


Probablemente el film, “In the Mouth of Madness” (1994), inspirado en la obra de Lovecraft, es el mejor trabajo del director durante la década de los noventa, aunque de todas formas este no fue recibido bien por el público y la crítica. Lamentablemente para sus seguidores, la década del 2000 solo fue una prolongación de la mediocridad que venía presentando el director. A la horrible “Ghost of Mars” (2005), le siguió la irregular “The Ward” (2010). Entre la realización de ambos films, Carpenter participó en dos episodios de la serie de televisión, “Masters of Horror”, los cuales pueden ser considerados como lo mejor que ha hecho el realizador en mucho tiempo. En el Fright Night Film Festival realizado el 2011, el director reveló que se encuentra trabajando en un western gótico, el cual espera estrenar en un futuro no muy lejano. Pese a todos sus altos y bajos, John Carpenter cuenta con una filmografía que lo ubica fácilmente entre los mejores directores fantásticos de la historia del cine, razón por la cual ya se han realizado remakes de a lo menos tres de sus films. La raíz de su éxito básicamente se basa en el hecho de que Carpenter es un hombre multifacético, que supo explotar de la mejor forma posible cada una de las habilidades que desarrolló durante su infancia y que luego perfeccionó en su adultez. Ahora solo nos queda esperar que el director vuelva a sorprendernos con algo de la magia con la que alguna vez plasmó en la pantalla grande.


por Fantomas.

lunes, 16 de agosto de 2010

Freddie Francis: Artesano del cine de terror británico y director de fotografía excepcional.

Frederick William (Freddie) Francis, nació el 22 de diciembre de 1917 en Islington, Londres, Inglaterra. Durante su infancia, Francis estaba determinado a convertirse en ingeniero cuando fuese adulto. Sin embargo, cuando un ensayo que escribió en el colegio acerca de los films del futuro fue merecedor de una beca en el North-West Polytechnic de Kentish Town, Francis se dio cuenta del camino que debía seguir. Por ese mismo motivo, a los 16 años de edad abandonó el colegio y se convirtió en el aprendiz del fotógrafo Louis Prothero. Durante los seis meses que trabajó junto a Prothero, Francis pudo participar como fotógrafo en una película que el director Stanley Lupino realizó para los Estudios Ealing. Eventualmente, Francis se convertiría en “clapper boy”, y posteriormente en auxiliar de cámara. En 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Francis se unió al ejército donde fue asignado como camarógrafo y director a la Unidad Kinematográfica en Wembley, lugar en el cual terminaría aprendiendo los distintos aspectos su oficio. Cuando la guerra finalizó, Francis volvió a su vida civil como camarógrafo, labor que ejercería durante diez años. Durante este tiempo, él pudo trabajar junto a directores como Michael Powell, Emeric Pressburger y John Huston en cintas como “Twice Upon a Time” (1953), “The Sorcerer´s Apprentice” (1955) y “Moulin Rouge” (1952), entre otras.

Una vez que logró cierto reconocimiento como camarógrafo, Francis decidió que era hora de dar un nuevo paso en su carrera y convertirse en director de fotografía. Su primer acercamiento a dicha labor la tendría en la cinta de John Huston, “Moby Dick” (1956), donde si bien trabajó como camarógrafo también lo hizo como director de fotografía de la segunda unidad. Francis finalmente conseguiría un trabajo como director de fotografía en el film “A Hill in Korea” (1956), producción cuyo único punto de interés es la participación del entonces debutante Michael Caine. Pronto Francis conseguiría mejores asignaciones en cintas como “Time Without Pity” (1957), “The Battle of the Sexes” (1959) y “Sons and Lovers” (1960), donde por esta última recibiría un Oscar a la mejor fotografía en blanco y negro. Aunque el ser merecedor de un Oscar obviamente es un paso importantísimo en la carrera de cualquier profesional del cine, podría decirse que su trabajo en la cinta “The Innocents” (1961), resultó ser aún más importante que el ansiado galardón, ya que dicho film fue el primer paso de Francis en el género de terror, al cual se volcaría de lleno en los años venideros Durante este periodo, él también trabajaría en el drama judicial “Never Take Sweets from a Stranger” (1960), cinta producida por la Hammer, estudio que posteriormente ocuparía un lugar importante en la carrera de Francis.


Para principios de los sesenta, Freddie Francis había demostrado con creces ser un verdadero maestro de la fotografía en blanco y negro. A sabiendas de esto, él optó por dar el siguiente paso en su carrera y convertirse en director de la comedia romántica “Two and Two Make Six” (1962). Por cerca de veinte años, Francis solo ejercería como director de fotografía en una sola ocasión, en el film “Night Must Fall” (1964), impulsado únicamente por el respeto que sentía hacia el director Karl Reisz. Según el mismo Francis: “La verdad es que me resultó menos difícil realizar la transición desde director de fotografía a director, que realizar la transición de camarógrafo a director de fotografía. Algunos de los camarógrafos y directores con los cuales trabajaba miraban con malos ojos mis constantes cambios de trabajo, pero luego de que gané el Premio de la Academia tuve dos ofertas para dirigir. De esta forma realicé mi primer film, un pequeña comedia llamada ´Two and Two Make Six´”. Posteriormente Francis trabajaría como director en “Day of the Triffids” (1962), aunque su trabajo no sería acreditado. Con respecto a su participación en dicha cinta, Francis declararía en una ocasión: “El film de los Triffids había sido completado y nadie quería aceptarlo, por lo que decidí realizarle algunos cambios a la historia. Me pidieron que dirigiera algunas escenas adicionales, las cuales tardamos cinco semanas en filmar. Además se debieron contratar varios escritores adicionales para reparar los errores que presentaba la historia”.

Luego vendría “The Brain” (1962), una modesta cinta de ciencia ficción que estaba basada en la novela de Curt Siodmak, “Donovan´s Brain”. Sería precisamente la labor del director en este film lo que llamaría la atención de los mandamases de la Hammer, quienes le ofrecieron a Francis la realización de dos thrillers en blanco y negro: “Paranoiac” (1963) y “Nightmare” (1964). Ambas cintas son elegantes y efectivas piezas de suspenso que intentaban repetir la fórmula utilizada por Alfred Hitchcock en el film “Psycho” (1960). Filmada al mismo tiempo que “Nightmare” y utilizando prácticamente al mismo equipo técnico, “The Evil of Frankenstein” (1964) se convirtió en la primera película a color dirigida por Francis. Una de las mayores preocupaciones del director sería el diseño del laboratorio del Barón Frankenstein, el cual probablemente es uno de los escenarios más llamativos que se pueden encontrar en la filmografía de la casa del martillo. Tras rodar la adaptación de la novela de Edgar Wallace, “Das Verrätertor” (1964), para la Rialto Films, Francis sería contratado por la rival de la Hammer, la modesta Amicus, para dirigir una serie de producciones del estudio. La primera película que Francis dirigiría al interior de la compañía comandada por Milton Subotsky y Max J. Rosenberg sería “Dr. Terror´s House of Horrors” (1965), una de las tantas antologías de terror que eventualmente se convertirían en la carta de presentación de la Amicus.

Una de las películas más extrañas que Francis filmó para la Amicus sería “The Skull” (1965), la cual estaba basada en una historia corta de Robert Bloch. Prácticamente la mitad de la cinta está exenta de diálogo, y gran parte de las escenas están filmadas desde el punto de vista de un cráneo. “La idea de filmar a través de una calavera fue mía”, declararía Francis en una ocasión. “De hecho, debido a que fue mi idea todo el proyecto se convirtió en algo personal. Yo operé la cámara en esas tomas, y además tuve que utilizar unos patines para que alguien me arrastrara mientras perseguía a Peter Cushing con el cráneo montado frente a la cámara”. Posteriormente Francis regresaría a la Hammer para filmar “Hysteria” (1965), la cual es considerada como la tercera entrada en la “trilogía de thrillers” que el director realizó al interior de la casa del martillo. Durante los siguientes dos años, Francis trabajaría de forma permanente en la Amicus. En 1966 filmaría “The Psychopath”, cuyo guión presenta varias similitudes con el guión de “Psycho”; esto se debió a que ambos guiones estuvieron a cargo de Robert Bloch.

Pese a que a Francis le gustaba trabajar en la Amicus, no siempre estaba de acuerdo con los guiones escritos por Milton Subotsky. Una de las cintas que más problemas le presentó en ese sentido fue “The Deadly Bees” (1967). “Personalmente creo que era un film horrible. Robert Bloch había escrito el guión el cual estaba basado en una historia escrita por alguien más. Ahora, Bloch tenía grandes ideas y escribía buenas historias, pero cada vez que recibía uno de sus guiones debía someterlo a una serie de cambios. El guión de ´The Deadly Bees´ era peor de lo habitual, por lo que Max Rosenberg me permitió reescribirlo. En ese momento, Milton Subotsky se encontraba en el hospital, y cuando regresó no le gustó el nuevo guión. Lamentablemente ya habíamos construido el set y habíamos comenzado el rodaje, por lo que nada pudo hacer. Pienso que hubiese sido mejor que hubiésemos filmado el mediocre guión de Bloch en vez de escribir un nuevo guión con el cual nadie estaba de acuerdo”. Tras finalizar el rodaje de la cinta, Francis entró en un estado en el que poco le importaba si alguna vez volvía a dirigir un film. Algo similar le ocurrió cuando filmó la mediocre “They Came from Beyond Space” (1967), también para la Amicus.

Tras los fracasos de sus últimas producciones, la Amicus decidiría retomar la fórmula de las antologías de terror, por lo que le pediría a Francis dirigir el film “Torture Garden” (1967). Tras participar en la serie de televisión “Man in a Suitcase” (1967-68), Francis regresaría a la Hammer para hacerse cargo de la dirección de “Dracula has Risen from the Grave” (1968). Si bien al director no le gustaba involucrarse en cintas de monstruos debido a la dificultad que implicaba reinventar la mitología de estos personajes, de todas formas asumió con profesionalismo el proyecto y lo convirtió en una de las producciones más exitosas de la filmografía de la Hammer. Tras dirigir algunos episodios de las series de televisión “The Saint” (1962-69) y “The Champions” (1968-69), Francis se encargó de la producción y la dirección de la cinta “Mumsy, Nanny, Sonny & Girly” (1970). Pese a que la película no fue bien recibida ni por el público ni la crítica, Francis quedó satisfecho con su trabajo, principalmente debido a que estuvo involucrado en todos los aspectos de la realización de la cinta. Luego vendría “Trog” (1970), una cinta de terror de bajo presupuesto protagonizada por Joan Crawford, la cual Francis filmó con la convicción de que sería vapuleada por la crítica ya que su guión era bastante mediocre.

Tras terminar “Trog”, Francis viajaría a Alemania para rodar la cinta de vampiros “Gebissen wird nur nachts” (1971), la cual en un principio estaba pensada para presentarse como la versión germana del film de Roman Polanski, “Fearless Vampire Killers” (1967). Pese a los intentos de Francis por salvar una cinta con potencial, finalmente la tacañería de los productores terminaría condenando a la producción al fracaso. En 1972, el director regresaría a la Amicus para realizar la cinta de antologías “Tales From the Crypt”, la cual estaba basada en algunas de las historias que aparecían en los comics que la E. C. publicó en los cincuenta. Si bien esta película sería un éxito de taquilla, la última cinta de antologías que Francis realizó para la Amicus, “Tales That Witness Madness” (1973), tuvo un pobre recibimiento por parte del público (pese a esto, esta es una de las películas favoritas del director). Mientras filmaba “Tales That Witness Madness”, Francis recibió un ofrecimiento de la Tigon Films para rodar “The Creeping Flesh” (1973), una cinta que podría haber funcionado perfectamente a principios de los sesenta, pero que lamentablemente en la época en la que fue estrenada no obtuvo los resultados que todos esperaban.

Desafortunadamente para Francis y para muchos profesionales de la industria cinematográfica británica, las producciones inglesas estaban perdiendo la batalla contra las cintas norteamericanas. Antes de retomar su carrera como director de fotografía, Francis participó en una serie de producciones de bajo presupuesto. La primera sería “Son of Dracula” (1974), la cual fue producida por Ringo Starr y retrataba al hijo de Drácula como una estrella de rock que se rehúsa a convertirse en el soberano del inframundo debido a que está enamorado de una mujer mortal. Ringo Starr se haría cargo de la edición del film, por lo que la versión final de la película dista bastante de la visión original del director. “Craze” (1974) por otro lado, presentaba a Jack Palance como un anticuario que realiza sacrificios humanos en honor a unos dioses africanos. Aunque esta cinta era más convencional que el anterior trabajo de Francis, de todas formas no logró los resultados esperados por lo que el productor Herman Cohen se vio en la obligación de cancelar otros proyectos que tenía contemplado realizar junto al director. En 1975, Francis realizaría dos modestos films para la compañía de su hijo Kevin, la Tyburn; “Legend of the Werewolf” y “The Ghoul”, ambas protagonizados por Peter Cushing. A mediados de los setenta, gran parte de las compañías para las que Francis trabajó en un momento de su carrera, o bien se encontraban en un hiato o sencillamente habían quebrado. Fue así como al director no le quedó más opción que volcarse al mundo de la televisión, donde participó en algunos episodios de la serie “Star Maidens” (1976).

A principios de los ochenta, Francis volvería a trabajar como director de fotografía. Afortunadamente para él, comenzaría esta nueva etapa de su carrera trabajando junto a David Lynch en el film “The Elephant Man” (1980). Luego se reuniría con el director Karl Reisz, con quien ya había trabajado en un par de ocasiones durante la década de los sesenta, en la cinta “The French Lieutnant´s Woman” (1981). Su trabajo en dicho film le valdría un premio de la Sociedad Británica de Realizadores y una nominación BAFTA a la mejor fotografía. Aunque Francis trabajaría como director de fotografía en otras 19 películas, solo tres de ellas son realmente destacables: “Glory” (1989), film por el cual Francis recibiría el segundo Oscar de su carrera; “Cape Fear” (1991), una de las mejores películas del director Martin Scorsese y uno de los puntos más altos de la carrera de Francis; y “The Straight Story” (1999), la tercera y última colaboración de Francis con David Lynch, la cual además sería el último trabajo de Freddie Francis en el cine. Sus últimos dos trabajos como director los obtendría en los films de terror “Doctor and the Devils” (1985) y “Dark Tower” (1987), las cuales no estarían a la altura de los mejores trabajos del director. Freddie Francis fallecería el 17 de marzo del 2007 en Isleworth, Inglaterra, debido a las complicaciones de una apoplejía. Gracias al profesionalismo y a la pasión que lo caracterizó durante toda su carrera, hasta el día de hoy Freddie Francis sigue siendo recordado como uno de los grandes artesanos del cine de terror británico, así como también uno de los mejores directores de fotografía de la historia del cine.



por Fantomas.

lunes, 26 de julio de 2010

André De Toth: Un artesano de la serie B norteamericana.

Sâsvári Farkasfalvi Tóthfalusi Tóth Endre Antal Mihály, más conocido como André De Toth, se dice que nació el 15 de mayo de 1913, en la ciudad de Makó, Hungría. Curiosamente, no existe una certeza de la fecha exacta en la que el director nació. Con respecto a esto, De Toth declararía una ocasión: “La fecha de mi nacimiento varía entre 1900 y 1920 según diferentes publicaciones, pero lo que importa es que nací. La verdad es que no recuerdo el evento, pero según una fuente cercana nací el 15 de mayo de 1913 en Hungría”. Hijo de un soldado convertido en ingeniero civil, durante su adolescencia De Toth desilusionó a su padre cuando este fue expulsado de numerosas escuelas y se rehusó a seguir una carrera en el ejército. Y es que desde muy temprana edad, De Toth demostró tener una veta artística cuando durante su pre-adolescencia organizaba shows en los que actuaba en solitario (aunque en un principio había intentado probar suerte con la pintura y la escultura, lo cual no se le dio demasiado bien). Durante este periodo, De Toth escribió su primera obra de teatro, la cual si bien jamás se llegó a estrenar, le dio la posibilidad de conocer al escritor Ferenc Molnar, quien se convirtió en su mentor asignándole la creación de un buen número de obras durante su juventud.

Luego de graduarse de abogado en la Royal Hungarian University a principios de los treinta, De Toth probó suerte en la industria cinematográfica húngara, donde trabajó como operador de cámara para el famoso realizador Istvan (Stefan) Eiben. Durante la década del treinta, se dice que De Toth vivió en varias ciudades de Europa y visitó los Estados Unidos en numerosas ocasiones. Mientras se encontraba en Londres, De Toth ejerció diversas labores para los hermanos Korda antes de dirigirse a Viena para trabajar en la elaboración de un guión. Según el mismo De Toth, en uno de sus viajes a Los Ángeles escribió el guión de la cinta “The Life of Emile Zola” (1937), por el cual nunca recibió crédito alguno. En 1939 cuando regresó a Budapest, De Toth comenzó su carrera como director bajo el nombre de Endre Toth, llegando a realizar cinco películas en un año. Su primer film, “Toprini nasz/Wedding at Toprin” (1939), llamó la atención del productor Harry Cohn de la Columbia, aunque pasarían varios años antes de que el director se estableciera definitivamente en los Estados Unidos. Se dice que De Toth filmó cinco películas antes de que los Nazis lo asignaran como director de cintas de propaganda y crónicas de la invasión alemana a Polonia en 1939. Sin embargo, no existen pruebas de que esto sucediera.


De lo que sí se tiene certeza, es que De Toth regresaría a Londres para trabajar junto con los hermanos Korda, generalmente como asistente del productor y/o director de la segunda unidad, aunque sólo recibió crédito por su trabajo en la cinta “The Jungle Book” (1942). Finalmente seria Alexander Korda quien llevaría a De Toth a Hollywood en 1942, donde ingresó a la industria cinematográfica norteamericana como director del film de propaganda “Passport to Suez” (1943), el cual retrataba las intenciones de los Nazis de bombardear el Canal de Suez. Posteriormente, el productor Harry Cohn contrataría a De Toth para rodar la cinta “None Shall Escape” (1944), un drama acerca de un oficial Nazi el cual le fue encargado con el único objetivo de probar la habilidad del director. Sin embargo, sería el film “Ramrod” (1947) el que lograría llamar la atención de la crítica y el público. El western protagonizado por Veronica Lake, Charles Ruggles y Joel McCrea, fue alabado por su espectacular fotografía en blanco y negro (obra de Russell Harlan), y por su estupendo elenco. La película también sirvió para identificar uno de los temas que De Toth frecuentemente tocaría en sus trabajos posteriores: lo caprichoso de las relaciones humanas.

En 1944, De Toth contraería matrimonio con la actriz Veronica Lake. La actriz se había divorciado recientemente de John Detlie cuando conoció al director, y lamentablemente ya arrastraba un serio problema de alcoholismo. Lamentablemente, De Toth tenía fama de ser un hombre violento, por lo que la tormentosa relación que mantuvo con la actriz sólo logró empeorar el consumo de alcohol de Lake. Lo único bueno que saldría de esa relación serían los dos hijos de la pareja; Andre y Diana. En 1948, De Toth conseguiría un nuevo éxito con la película “Pitfall” (1948), la cual relata como un vendedor cansado de su vida cotidiana, termina involucrándose en un romance que pone en riesgo todo aquello que él considera importante. Nuevamente el director demostró tener una gran afinidad con el elenco con el cual trabajaba, el cual en esta ocasión estaba conformado por Dick Powell, Jane Wyatt y Lizbeth Scott. En 1950, De Toth compartió con William Bowers una nominación al Oscar al mejor guión original por la cinta “The Gunfigther” (1950), la cual era la historia de un asesino que trataba de dejar atrás su pasado (cabe mencionar que De Toth objetó la elección de Gregory Peck como protagonista, ya que él había escrito el guión con Gary Cooper en mente).

En 1951, De Toth filmó el primero de seis westerns junto a Randolph Scott, “Man in the Saddle”. Al año siguiente, por fin cumpliría el sueño de dirigir a su amigo Gary Cooper en la cinta “Springfield Rifle” (1952), la cual lamentablemente no sería bien recibida por la crítica. Tras filmar otro western titulado “Last of the Commanches” (1953), De Toth probaría suerte con el género del horror. “House of Wax” (1953), cinta protagonizada por Vincent Price en la cual el actor interpreta al dueño de un museo de cera que convierte a sus víctimas en parte de sus exhibiciones, si bien no fue el mejor film del director, fue por lejos el más popular. Esta era una de las tantas producciones que durante los cincuenta intentaron sin éxito imponer la moda del cine 3D (el cual como todos ya sabemos, recién tomó fuerza hace poco tiempo). Curiosamente, De Toth era tuerto, por lo que era incapaz de percibir el efecto tridimensional (por lo que resulta bastante extraña su contratación). Sin embargo, el director perseveró para que la cinta saliera adelante, gracias a lo cual terminó siendo el film 3D más exitoso de los cincuenta.

Tras divorciarse de Veronica Lake en 1952, el director contraería matrimonio con Marie Louise Stratton, con quien estaría casado durante 29 años y tendría dos hijos; Michelle y Nicolas. Posteriormente De Toth filmaría una serie de interesantes thrillers, de los cuales probablemente el mejor es “Crime Wave” (1954), el cual relata una toma de rehenes y fue protagonizado por Sterling Hayden, Gene Nelson y Phyllis Kirk. En “The Indian Fighter” (1955), la primera cinta producida por Kirk Douglas en la cual además interpretaba a un rudo explorador del ejército, De Toth demostró ser un director metódico, al mismo tiempo que ganaba cierto reconocimiento por retratar a las tribus norteamericanas de forma más profunda que la mayoría de los directores de la época. Intentando darle un giro a su carrera, De Toth abarcaría algunos problemas sociales, específicamente la adicción a las drogas, en la cinta “Monkey on My Back” (1957), la cual estaba basada en la vida del boxeador Barney Ross. A fines de los cincuenta y principios de los sesenta, el director trabajó un tiempo en la televisión para luego retomar su carrera en el cine.

Luego de dirigir la relativamente exitosa “Day of the Outlaw” (1959) y la decepcionante “Man on a String” (1960), el director se mudó a Italia donde rechazó varios proyectos que él consideraba mediocres. Durante su estancia en Europa, De Toth trabajó un tiempo como consultor en la cinta de David Lean, “Lawrence of Arabia” (1962), labor que no le sería acreditada. La naturaleza de sus contribuciones aún no se ha logrado dilucidar; De Toth mencionó en una ocasión que él había encontrado algunas locaciones y que además había filmado algunas escenas. Sin embargo, la mayoría de su trabajo se quedaría en la sala de edición. En 1964, después de tener un accidente esquiando que casi le costó la vida, el director optó por reducir su intensa carga laboral. Se dice que De Toth trabajó como director de la segunda unidad en más de uno de los films de James Bond, y que escribió y produjo la cinta “Billion Dollar Baby” (1967), para el productor de la franquicia Bond, Albert “Cubby” Broccoli. Después de reemplazar al director Rene Clement en el film “Play Dirty” (1968), De Toth decidió retirarse de la dirección por un tiempo. Durante el resto de su carrera, De Toth produciría el film “El Cóndor” (1970), y trabajaría en numerosas producciones sin recibir ningún tipo de crédito por sus labores (entre las que se incluyen la dirección de la segunda unidad en el film “Superman”, y la edición del guión de la cinta “The Lion of the Desert”).

La última cinta en la que De Toth trabajaría como director sería “Terror Night” (1987), un film de bajo presupuesto donde nuevamente no aparecería acreditado como director. En 1995, De Toth sería premiado por los logros obtenidos durante su carrera por la Asociación de Críticos Cinematográficos de Los Ángeles, y además publicaría sus memorias; “Fragments: Portraits From the Inside”. Gracias a estos dos acontecimientos, el director ganaría el reconocimiento que mereció en su momento. André De Toth fallecería el 27 de octubre del 2002, a causa de un aneurisma. El legado del director consiste en una serie de estupendas películas serie B (en su mayoría westerns y dramas policiales), las cuales se caracterizaron por ser áridas, violentas y por presentar un marcado énfasis en el aspecto psicológico de sus protagonistas. Además cabe mencionar que De Toth era un hombre con una personalidad colorida, a quien le gustaba manejar autos veloces y pequeñas avionetas. No contento con esto, le gustaba jactarse de sus aventuras en zonas bélicas, y que incluso en una ocasión mientras se encontraba de viaje lo confundieron con el héroe israelí Moshe Dayan, quien también ocupaba un parche en el ojo. Antes de abandonar este mundo, De Toth se encargaría de plasmar su filosofía a la hora de asumir la dirección de un film; “Las escuelas de cine no te enseñan nada de nada. La psicología necesaria para convertirse en director no se consigue de manera mecánica, o la tienes o no la tienes. El requerimiento número uno es la comprensión. Un director de cine trabaja con los instrumentos más sensibles, los seres humanos”.



por Fantomas.

lunes, 12 de julio de 2010

Tod Browning: Uno de los responsables del nacimiento del género de terror en los Estados Unidos..

Charles Albert Browning Jr., más conocido como Tod Browning, nació el 12 de julio de 1880 en Louisville, Kentucky. A muy temprana edad comenzaría a desarrollar algunos de los talentos artísticos que años más tarde lo convertirían en una figura respetada en Hollywood. A los cinco años de edad se percató de que era poseedor de una hermosa voz, lo que le permitió cantar numerosos solos en la época que perteneció al coro de una iglesia. Los sábados en cambio, organizaba shows en su barrio en los que no sólo cobraba un centavo de admisión, sino que además se quedaba con parte de las ganancias de los espectáculos que montaban otros niños. A los 16 años de edad, Browning huyó de casa para unirse a un circo, donde además de adoptar el nombre de Tod, ejerció distintas labores como por ejemplo la de presentador, contorsionista y artista de variedades (su acto se llamaba “El Muerto Viviente”, y consistía en que Browning era enterrado vivo durante dos días en un ataúd ventilado el cual en su interior contenía bastante comida, claro que eso el público no lo sabía). Su decisión de unirse a un circo no sólo se debía a su entusiasmo por el mundo artístico, sino que también influyó el hecho de que se enamoró de una bailarina exótica conocida como “The Queen of the Manhattan Fair and Carnival Company”.

Eventualmente, Browning se convertiría en cantante de vaudeville, bailarín y comediante, ganando cierta notoriedad gracias a su interpretación de Mutt (quien era un personaje de la tira cómica “Mutt and Jeff”) en el show de burlesque, “The Whirl of Myth” (1913). Uno de sus antiguos compañeros de la época en la que participó en shows de vaudeville llamado Charles Murray, llevó a Browning a los Estudios Biograph de Nueva York, para participar en un par de comedias entre las que se encuentran “Scenting a Terrible Crime” (1913) y “Bill Joins the Band” (1913). En el lugar conocería al director D. W. Griffith, quien una vez que se convirtió en el jefe de producción de la Reliance and Majestic Company, se llevó a Browning a Hollywood en 1915. Una vez en Hollywood, Browning comenzó a trabajar detrás de las cámaras dirigiendo algunos cortos, como por ejemplo “The Lucky Transfer” (1915) y “The Electric Alarm” (1915), entre otros. Sin embargo, la nueva y prometedora carrera de Browning estuvo a punto de llegar a su fin de manera abrupta debido a una serie de actitudes autodestructivas del ahora director. Browning era un aficionado al alcohol y a los autos veloces. En junio de 1915, junto a un grupo de amigos se vio involucrado en un accidente automovilístico causado por el consumo de alcohol. Uno de los pasajeros, el actor cómico Elmer Booth, falleció en el lugar mientras que el también actor, George A. Seigmann, sufrió graves lesiones. Browning por su parte, sufrió laceraciones en su pierna derecha, en su rostro y en sus brazos, además de presentar algunas hemorragias internas.


Una vez que logró recuperarse, Griffith lo puso a trabajar como uno de sus asistentes en la cinta “Intolerance” (1916). Al año siguiente, en compañía del actor Wilfred Lucas codirigiría su primer largometraje titulado “Jim Bludso” (1917), el cual era un drama ambientado en la Guerra Civil norteamericana. Durante este periodo, Browning contraería matrimonio con Alice Wilson, una actriz que había conocido en sus tiempos como artista de vaudeville. El primer éxito comercial de Browning como director sería el drama “The Virgin of Stamboul” (1920), cinta la cual daría pie a una serie de película ambientadas en escenarios exóticos como por ejemplo “The Sheik” (1921), protagonizada por Rudolph Valentino. Lamentablemente para Browning, sus demonios personales y su alcoholismo pondrían nuevamente en peligro su carrera y su matrimonio. Entre 1923 y 1924, el director pasó a formar parte de la lista negra del estudio debido a sus problemas con el alcohol. Durante el periodo que le dieron para recuperarse, se esforzó por arreglar su relación con Alice, quien fue fundamental para su regreso.

En 1925, el productor de la MGM, Irving Thalberg, le asignaría a Browning la dirección de “The Unholy Three” (1925), un thriller acerca de un grupo de artistas de circo quienes protagonizan una serie de crímenes. La cinta estaba protagonizada por Lon Chaney, quien interpretaba a un ventrílocuo que se disfrazaba de mujer, y por Harry Earles, un enano que se hacía pasar por un bebé. Después de filmar “The Unholy Three”, Browning comenzó a utilizar de manera frecuente su experiencia en circos y carnavales a la hora de realizar sus trabajos, los cuales por lo general eran protagonizados por Lon Chaney, Lionel Barrymore, o por ambos. En “The Unknown" (1927) por ejemplo, un estafador (Chaney) se hace pasar por un lanzador de cuchillos manco en un circo. Sin embargo, eventualmente se convierte en víctima de su propia charada. En “The Show” (1927), John Gilbert interpreta a un empresario que es incriminado en un asesinato por el personaje interpretado por Lionel Barrymore. Por último, en “West of Zanzibar” (1928), Chaney interpreta a un mago que utiliza sus trucos para controlar a un tribu africana, con la cual pretende vengarse del hombre que le robó a su esposa (interpretado por Barrymore).

Fueron precisamente estas las cintas que posicionaron a Browning como uno de los mejores directores dentro del género del horror, estatus según algunos historiadores se debió en gran medida al talento de Chaney. Sin embargo, esto aún es tema de discusión entre los expertos, quienes tampoco niegan el talento del director. En 1927, Browning se asoció nuevamente con Chaney para explorar el mito del vampirismo en la cinta “London After Midnight” (de la cual no existen copias en la actualidad). En dicho film, Chaney interpreta a un detective que se disfraza de vampiro con el objetivo de atrapar a un misterioso asesino. Mientras seguía filmando películas para la MGM, el estudio decidió prestarle el director a la Universal para que filmara el thriller “Outside the Law” (1930). Los ejecutivos de la Universal quedaron tan encantados con su trabajo, que lo contrataron para filmar la adaptación cinematográfica de Drácula. Aunque Browning había pensado en Lon Chaney para interpretar al mítico vampiro, la salud del actor le impidió tomar el papel (de hecho, en 1930 Chaney fallecería a causa del cáncer a la garganta que lo afectaba). Después de una extensa búsqueda, el director contrató a Bela Lugosi (quien había interpretado a Drácula en la versión teatral de la historia) para el papel.

En aquel entonces, la Universal estaba experimentando algunos problemas financieros que dificultaron la labor de Browning. Sin embargo, de todas formas “Dracula” (1931) se convirtió en un éxito de taquilla, cuya recaudación salvó a la Universal de la bancarrota. El film además tiene el mérito de ser el causante de que la Universal siguiera produciendo cintas de terror, ejemplo que seguirían otros estudios. Pese al éxito de “Dracula”, probablemente la verdadera obra maestra del director sea la macabra “Freaks” (1932). La bizarra historia estaba protagonizada por un grupo de fenómenos de circo (como por ejemplo enanos entre los que se encontraban Harry y Daisy Earles, Martha la maravilla sin brazos, Cuu-Coo la mujer pájaro, el Príncipe Randian conocido como “el torso viviente”, y cinco mujeres cabeza de alfiler). El film relata como una bella trapecista contrae matrimonio con un enano para asesinarlo y quedarse con su dinero. En un acto de solidaridad y tras descubrir el plan de la mujer, los otros “fenómenos” deciden unirse e ir tras ella en una tenebrosa noche de tormenta.

La MGM, estudio que estaba a cargo de la producción de la película, temía la reacción del público ante una cinta que obviamente resultaría controversial. De hecho, una vez que fue estrenada, la crítica se dividió entre aquellos que pensaban que Browning había humanizado a los “fenómenos”, y aquellos que simplemente consideran que la cinta de frentón los explotaba. En gran medida el film se terminó realizando gracias al productor Irving Thalberg, quien le consiguió a Browning los medios para rodar el proyecto. Durante algunas de sus funciones, más de un espectador salió corriendo aterrado del teatro. Por este motivo, la MGM no tardó en retirarla de las salas de cine para luego estrenar una versión censurada. Pese al impacto que causó, “Freaks” no obtuvo los resultados de taquilla esperados, y recién en la década de los sesenta la cinta alcanzaría el estatus de film de culto y obra maestra que tanto se mereció en su momento. Luego del estreno de “Freaks”, Browning perdió gran parte de la libertad que gozaba hasta el momento. De hecho, la MGM como castigó lo obligó a dirigir la mediocre “Fast Workers” (1933), la cual estaba protagonizada por John Gilbert.

De todas maneras, Browning se las arreglaría para realizar algunas contribuciones más al género del horror. En 1935 filmaría un remake de “London After Midnight” titulado, “Mark of the Vampire”, en el cual el rol de Chaney sería interpretado por Bela Lugosi, Lionel Barrymore y Lionel Atwill. Al año siguiente filmaría “The Devil Doll” (1936), en la cual Lionel Barrymore interpreta a un criminal que tras escapar de una isla, buscará vengarse de los responsables de su encarcelamiento empequeñeciéndolos al tamaño de muñecos. El último trabajo como director de Browning sería “Miracles for Sale” (1939), una cinta de misterio que se desarrollaba en un escenario fantástico. Lamentablemente, las últimas obras del director suelen ser opacadas por “Dracula” y “Freaks”. Esto y el hecho de que los gustos del público a principios de los cuarenta estaban cambiando, llevó a Browning a retirarse tempranamente, a sabiendas de que su tiempo había pasado. Pasó el resto de su vida recluido, al punto de que cuando falleció su esposa en 1944, la prensa erróneamente publicó la muerte del director. En la década de los cincuenta, Browning desarrollaría un cáncer a la garganta que finalmente acabaría con su vida el 6 de octubre de 1962, cuando el director tenía 82 años de edad. A Tod Browning se le reconoce el mérito de haber sido uno de los responsables de la creación del género de terror en el cine. Y es que el director contribuyó con un buen número de producciones, entre las que se encuentran las diez cintas que filmó junto a Lon Chaney, la primera versión sonora de “Dracula”, y sus últimos trabajos en el cine donde obviamente se destaca “Freaks”. Como sucede con muchos directores, el legado de Tod Browning sólo sería reconocido tras su muerte, tras las exhibición de la “versión del director” de la cinta “Freaks” en el Festival de Venecia.


por Fantomas.

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